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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

Un amigo en la oscuridad



El otro día, unas jornadas un tanto tensas –aunque parece que todo se va aclarando en el camino deseado, que la Diosa Razón me oiga- culminaron con un apagón en mi casa. Claro que a mi no me cogió en la ducha, sino en el ascensor. O sea, que cuando esa caja metálica a la que confiamos nuestras subidas y bajadas llegaba a mi piso se fue la luz. Obvio decirles que me quede encerrado totalmente a oscuras.

En fin, no me deje llevar por el pánico. Se que por mi zona no son extraños los apagones de corta duración y pensé que merecía la pena darse unos minutos antes de ponerme a tocar el timbre como un poseso. Pensé en el oxígeno, pero el ascensor no es del todo hermético, con lo que no iba a tener problemas por ahí. Eso sí, descubrí que esos que van iluminando los pasillos de los cines con la luz de los móviles no son tan pánfilos como yo pensaba.

Y en este –un tanto insólito en mí, la verdad- esfuerzo de control zen de una situación incómoda, oí el ruido que yo más odio del verano. No, no es el de una moto a escape libre ni un grupito de trasnochadores con algunas copas de mas a las tantas, sino ese zumbido que sobrevuela tu oreja cuando intentas conciliar el sueño en medio del calor que te indica que un mosquito anda suelto. Ese mismo zumbido que preludia una mañana rascándote una roncha en las partes descubiertas de tu anatomía.

Y fue curioso, por una vez no me puse de los nervios, porque me di cuenta que en esa insólita situación, atrapado en una caja metálica a cuatro pisos sobre el nivel del mar, ese bichejo era mi único amigo. Como el naufrago solitario que empieza a hablar con los pájaros de la isla, el agudo vuelo del mosquito era mi única compañía. En circunstancias normales hubiese intentado aplastarlo, pero ahora no. Pensaba que en el fondo él también se había visto sorprendido por la oscuridad y vagaba por ella buscando una salida, sin entender nada. Y que tal vez me había localizado, pero igual había llegado a mi misma conclusión, que ese humano era su único apoyo en el encierro y no iba a estropearlo chupándome la sangre.

Como yo sospechaba, el apagón duró escasos minutos, pronto volvió la luz y el ascensor empezó a funcionar. Por algún tipo de mecanismo, se fue automáticamente a la planta baja y quedó operativo. A pesar de la experiencia, volví a pulsar el botón del cuarto. Todo esto me dio tiempo a fijarme en mi compañero de improvisada celda, que había optado por posarse en una pared, quien sabe si como gesto de cortesía hacia mi persona. Yo no le hice nada hostil. Allí le deje cuando por fin deje el ascensor hacia un mundo donde los mosquitos volverían a zumbar en la noche sobre mi oreja y yo haría lo posible por eliminarles.

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Comentarios

  1. Tsk, tsk, tsk... Monsieur Jacobine mostrando compasión por un díptero! Le faltó bendecirlo, como Simón del Desierto. Ah, ciudadano, ese gesto de debilidad le puede costar caro, acuérdese de él cuando mañana le despierte de madrugada una picazón en la articulación interfalángica del dedo gordo del pié. Aunque, pensándolo bien, ese afecto desmesurado por una ínfima criatura... a ver, cuántos Jackies llevaba en el cuerpo cuando tomó el ascensor? O es que, embebido en su nueva personalidad, se ha pasado ya a la absenta?

    Comentario de Monsieur Sanson hace 4 años y 50 meses

  2. No haga caso. Dice mucho de su forma de entender el mundo, Monsieur Jacobine, tan curiosa historia. Unos minutos más, y podrían haber salido con una alianza de paz entre mosquitos y humanos. Al fin y al cabo, encerrados en un cubículo asfixiante y oscuro, todos resultamos ser muy parecidos -incluso, mon dieu, con un vil mosquito. O mosquita, qué sería un detalle incluso más revelador-

    Comentario de hermanastra hace 4 años y 50 meses

  3. Ciudadano Sansón. Eran algo así como las 14:00 horas, y no suelo beber tan temprano, deje de darme esa fama de borracho que desacredita mis escritos. Además, lo de la absenta no procede, que esa es bebida de poetas y demás y yo soy un filósofo social.

    Ciudadana Hermanastra, si en vez de un mosquito vivo me hubiese quedado encerrado con una mosquita muerta igual no habría sido tan bien recibida la vuelta de la luz. Eso sí, esperó que la alianza díptero-humana que usted apunta no acabase como la de civilizaciones de ZP: levantando una tercera valla en Melilla.

    Comentario de Monsieur Jacobine hace 4 años y 50 meses


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