Etiqueta colgante
Monsieur Jacobine - 08-11-2005 14:57:00 | Categoria: Escenas de la vida cotidiana
Sábado noche. M.J.y tres amigos (dos chicas y un chico) se hallan en el salón de determinado local tomando un refrigerio bastante bueno por cierto. Como debemos ser un poco antiguos, hacemos válida la vieja canción de Los Bravos sobre la mezcla de sexos. Los chicos estamos sentados juntos y las dos chicas enfrente nuestra.La velada transcurre animadamente hasta que mi vecino de asiento reclama mi atención sobre un hecho curioso. Dos mesas más allá hay otras dos parejas que nos imitan en cuanto a disposición, varón-varón, hembra-hembra. Estas dos últimas nos dan la espalda y en el hombro de una de ellas cuelga ostentosamente una etiqueta que se supone debería haber sido cortada. Sonreímos el despiste y seguimos a lo nuestro. Tal vez el hecho de ser chicos no nos hace profundizar en el drama que para la coquetería femenina supone tamaño error. Pequeño apunte sociológico que se confirma algo más adelante, cuando apuramos nuestras bebidas ya con la cuenta encima de la mesa. Mi compañero y yo volvemos a hacer referencia a la etiqueta y nuestras compañeras de reunión se percatan de que algo pasa. Nos inquieren y se lo contamos. Discretamente se dan la vuelta y lo ven. Una de ellas se apiada y manifiesta que se lo va a decir.
“¿Y no se molestará si se lo dices bruscamente?””, digo yo, siempre tan atento a las cuestiones diplomáticas. Ella vacila un momento “Hombre, habrá que decírselo discretamente”. “La vas a dejar en ridículo delante de sus amigos”, tercia mi vecino de mesa. Mi compasiva amiga ya no tiene tan claro si debe decírselo o no. Puede ser un caso donde la bondad desate consecuencias inesperadas. Es entonces cuando la cuarta comensal, hasta ahora silenciosa, hace una pregunta interesante: “¿Y ha ido por la calle todo el rato con la etiqueta y nadie se ha percatado?”. Pero mi compañero de mesa y novio suyo resuelve el enigma. “Tiene una cazadora en el respaldo de la silla, se la habrá puesto en casa y se la habrá quitado aquí, no ha enseñado la etiqueta por la calle”.
Resuelto este misterio, aparece otro más vidrioso. “¿Y la que está sentada al lado suyo no se ha dado cuenta?”. Touché. Ahí si que no hay cazadora ocultadora. Fiel a su espíritu racionalista e ilustrado, M.J. empieza a estudiar la situación observando el hombro de su compañero de mesa. “No tiene porqué verla”-explico tras mis observaciones- “yo desde aquí no veo el hombro de O.”. Hay que decir que las mesas del local en cuestión son pequeñas y la gente se tiene que sentar muy junta y algo apretada, lo que dificulta tener buen ángulo de visión de las espaldas contiguas. Parece a salvo el honor de la vecina de la comensal etiquetada, pero ocurre algo que lo pone todo en cuestión . La etiquetada se echa hacia adelante y su compañera hacía atrás al mismo tiempo, mirando en dirección a la primera. Es materialmente imposible que no lo haya visto. ¿Cuál es el motivo de su silencio?. Empieza la especulación. ¿Rivalidad amorosa por alguno de los chicos sentados frente a ellas que aconseja el ridículo de la etiqueta colgante?. ¿Simple mala leche?. Además, la malvada amiga es rubia y la pobre despistada morena, con lo que la iconografía clásica queda manifiesta.
O sea, que veíamos que la cosa se complicaba, pues se intuían tensiones en tan armónico cuarteto. Razón de más para plantearse el decírselo. O., que a pesar de ser castellano profundo no anda exento de socarronería, especula con que en realidad la chica quiere que vean la etiqueta, pues es ropa de marca. Es entonces cuando nuestra compasiva amiga, la que quería decírselo, plantea otro ángulo: “¿Y los camareros. No se han dado cuenta?”. Hay dos constantemente dando vueltas por el local, alguno puede haberse apercibido. Lo que llevó a una pequeña discusión sobre responsabilidades y límites de los camareros en sus atribuciones. El caso de la a priori inofensiva etiqueta colgando adquiría ya significaciones sociales.
Era ya hora de tomar una decisión por varios motivos. Nuestros vasos llevaban tiempo vacíos, el local se iba quedando solo porque era tarde y uno de los chicos de la mesa víctima de nuestros afanes se había percatado de nuestros movimientos y nos miraba un poco esquinadamente. Así que nuestra bondadosa compañera de velada optó por seguir su primera impresión y acercarse a decírselo. “Pero quiero que estéis conmigo”, nos dice, a lo que yo me opuse. “Si vamos todos va a parecer que estamos de cachondeo con ella”. Tras otro breve conciabulo, se decide lo siguiente. O. iría a la barra a pagar, su novia iría al cuarto de baño, y nuestra compañera se lo diría, mientras yo asistía a la revelación algo retrasado para apoyar sin presionar. Al fin llegó el momento. “Perdona, espero no te moleste que te lo diga, pero tienes una etiqueta colgando”. La interfecta rió sinceramente: “Vaya, gracias, no es la primera vez que me pasa, soy muy despistada”. Los dos chicos que la acompañaban se contagiaron con la deportividad con que aceptó su despiste. M.J se fijó especialmente en su compañera de asiento. Les aseguro que puso una impecable cara de palo.
Tras esta experiencia, me hago una reflexión. No se si tras gastar tantas neuronas en un asunto tan baladí como el que les he contado, es lícito pedir a los que tienen que gestionar temas más complejos como el hambre en el mundo, la lucha antiterrorista o el estatuto catalán que ideen soluciones rápidas.
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Pues eso de llevar la etiqueta de la ropa por fuera se convirtió en moda hace unos cuarenta años, cuando mi amado John Coltrane, a quién Dios guarde en su seño, empezo a lucir las de sus trajes. Actualmente si no me equivoco lo hacen algunos raperos, junto a otras manifestaciones que no tengo ni p*** idea que quieren decir, como remangarse un pernil de su pantalón...
Comentario de JuanMa Replicante hace 4 años y 49 meses
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"...a quién Dios guarde en su seño..." evidentemente quise decir en su SENO, pues no sé si sabéis que Dios es mujer.
Comentario de JuanMa Replicante hace 4 años y 49 meses
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Vaya, otro que vio Dogma.
Comentario de M.J. hace 4 años y 49 meses
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¿Quien es ese tal Dogma? ¿Algún músico tecno francés? Debo ser un inculto... o un antiguo, más bien...
Comentario de JuanMa Replicante hace 4 años y 49 meses
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Dogma, la película de Kevin Smith con Matt Damon y Ben Affleck como dos ángeles. Al final sale Dios con los rasgos de Alanis Morisette. Por eso lo decía.
Comentario de M.J. hace 4 años y 49 meses
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Estimado Jacobine, ya lo sabía. Soy fan de Kevin Smith. Yo decía que dios es mujer porque como padre asistente al parto de mi hijo, puedo asegurar que hasta ahora solo he visto hacer milagros a las mujeres ...
Un cordial saludo.Comentario de JuanMa Replicante hace 4 años y 49 meses
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Ya me extrañaba a mí tal desconocimiento.... además lo de Dogma más que un grupo tecno suena a esos músicos con los que nuestro común Herr Professor bombardea inmisericordemente a los vecinos respondones.
Comentario de M.J. hace 4 años y 49 meses