Geoffrey Cox y Fifí Roberts
Monsieur Jacobine - 12-11-2005 15:20:52 | Categoria: Historiadas
En 1936 Geoffrey Cox era un joven neozelandés de 26 años que intentaba abrirse camino en el periodismo inglés. Llevaba poco tiempo en el News Chronicle, un periódico que tenía el busto de Charles Dickens a la entrada. No en vano era heredero directo del Daily News que el autor de Oliver Twist había fundado y dirigido en 1846. A finales de octubre de ese año llegó su oportunidad. Uno de sus jefes, con esa diplomacia propia de los redactores con mando en plaza de los periódicos, le dijo: “Lo siento, Geoffrey, pero te ha tocado. Te vas a Madrid ahora mismo”.Es obvio decir que en julio de ese aciago 1936 había estallado la Guerra Incivil en España y la situación cuando Cox recibió ese perentorio encargo era la siguiente: el ejército de moros y legionarios de Franco se hallaba a las puertas de Madrid y parecía que el fin de la Segunda República era cosa de días. Pero no se piense que los sucesores de Dickens mandaban al joven neozelandés, nacionalidad por cierto que existía antes de los exteriores de El señor de los anillos, por una fe inmensa en su trabajo. El Chronicle tenía en la capital de la ensangrentada España a una de sus estrellonas, Denis Weaver, pero no sabía nada de su paradero. Luego supieron de que con otro corresponsal se había ido a dar una vuelta por el frente de batalla y su chófer se había despistado metiéndose en plenas filas sublevadas. Los franquistas tenían la idea de que los periodistas que estaban en el lado republicano estaban en contra suya, así que a Weaver y su compañero los retuvieron. Al menos no acabaron fusilados como su despistado chófer y el marino que les hacía de guardaespaldas. El caso es que el Chronicle no tenía ganas de perder en la tierra donde George Borrow predicó la Biblia protestante a otra de sus figuritas, así que mandó al bueno de Cox que pasaba de la categoría de aprendiz a la de material fungible. En cualquier caso, se suponía que el viaje del periodista iba a ser breve. Madrid caería como una fruta madura en días.
Pero las cosas salieron de otra manera. La Villa y Corte resistió el embate de Franco en noviembre y Cox se quedó hasta Navidad. Lo que iba a ser la crónica de una derrota se convirtió en una epopeya de un pueblo acorralado ayudado por los brigadistas internacionales. La experiencia para el joven periodista fue tan intensa que sólo dos meses después de salir de España publicó un sentido libro titulado La defensa de Madrid, que acaba de salir en su primera edición española y que es muy recomendable para todos los interesados en estos temas. ¿Pero sirvió de promoción personal para Cox su particular batalla de Madrid?. Pues no. Cuando en junio de 1937 el periódico decidió mandar a un corresponsal a Bilbao para narrar su caída en manos franquistas –ciudad interesante para la pérfida Albión por sus intereses económicos en la industria siderúrgica- el bueno de nuestro neozelandés se ofreció voluntario. Entonces su juventud sufrió una prueba para su madurez: el Chronicle pasó de él y mandó a uno de sus figuritas. Sólo que éste no llegó a tiempo a Bilbao y al final la crónica la tuvo que mandar una tal Fifí Roberts, hija de un capitán inglés de barco presente en el puerto vizcaíno. Un nombre que garantizaba unas dosis de misterio. Lógicamente cabreado, Cox dejó el periódico. El destino le preparaba a la larga una dulce venganza. Volvió a Nueva Zelanda y en los años 50 y 60 se convirtió en uno de los grandes periodistas televisivos de su país. Tanta fue su repercusión, que la Reina Isabel II le acabó haciendo Sir. Como vemos, el Chronicle perdió un gran valor al preferir a la enigmática Fifí Roberts.
De esta historia de los lejanos años 30, se saca una conclusión interesante. El periodismo moderno ya estaba inventado. Y no me refiero en sus niveles lingüísticos y metodológicos, sino como una sociedad de clases. Los becarios y aprendices usados como material fungible ya están en la redacción del Chronicle. Así como su conversión en periodistas de primera cuando no hay más remedio y su rápida degradación cuando pasa la alarma, preteridos por figuritas de primer rango aunque sean tan carajas de perderse camino del frente o no estar a tiempo en Bilbao (me juego lo que sea a que Weaver y el otro tenían buenas conexiones con los dueños del periódico). Y, sobre todo, ver como el trabajo de estar dos meses en el frente de Madrid se ve recompensado dándole cancha a una tal Fifí Roberts cuyo único mérito era estar acompañando a su papá. Dura lección de que a los periódicos no les importa la calidad de los trabajos, sino que haya gente que les llene las páginas como sea.
Y un detalle final de que no hay nada nuevo bajo el sol periodístico. Cuando Cox llegó a París tras salir de España en las Navidades del 36, le deprimió ver que la noticia estrella en los medios galos no era la lucha entre el fascismo y el antifascismo al sur de los Pirineos, sino la abdicación de Eduardo VIII de Inglaterra por amor a una divorciada yanqui. Como pasa hoy, Jaime Peñafiel derrotó a Ernest Hemingway.
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Excelente, Monsieur Jacobine. Vd. no cabe duda que, no solo tiene un agudo ojo especializado en diseccionar las realidades, las personas y su psicología, sino que puede poner éste al servicio de una comprensión analítica de la historia, (pasada, presente y quién sabe si futura) asimilando sus evoluciones y concluyendo consecuencias que aún se contemplan en nuestros días.
Por descontado, mencionar que sabe sacar del instrumento de la documentación un gran provecho, bebiendo en frescas fuentes, no siempre fáciles de encontrar.
Este pequeño apunte de historia, nos da en buena medida, una luz de lo que fueron los ominosos días de nuestro fraticidio particular, y de cómo no es un invento de nuestros tiempos el coqueteo del mass-media con las guerras, sus evoluciones y sus intereses. Me temo que esto viene de antiguo, ya Jenofonte daba buena muestra de cómo rentabilizar una crónica bélica. Siendo autor de escritura fresca, rápida y precisa, no ajena a la ironía en ocasiones, a veces prefería retocar la historia, inclinándose a ilustrar graciosamente con figuras retóricas sus textos, para ocultar algunos hechos.
Pero muy al contrario nuestro querido Monsieur, nos ofrece verdades desnudas, y una vez más desvela los hilos que antes, como ahora, guian nuestras opiniones y pujnan por nublar nuestras entendederas.
(Nótese además el pequeño apunte sindical-periodístico. En mi opinión una merecida complicidad con un blog amigo.)
...pretérito
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TRISKELComentario de TRISKEL hace 4 años y 49 meses
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Confieso que, en gran parte, estudié Periodismo por dos razones. Una de ellas, era precisamente aspirar a vivir en una redacción como la de Primera Plana o a tener un director como el que chillaba a Peter Parker. Pero no.
Comprobar que tamañas prácticas ya abundaban antaño no me extraña, pero me desanima: es mucho más difícil tratar de luchar o acomodarse contra la estulticia y el nepotismo de siglos´. Para quien quiera seguir afilando cuchillos en este sentido, que vaya a ver Math Point . Un apunte más: estoy segura de que la tal Fifí Roberts creía vehementemente que su papel en esa historia fue dictado, no por la conveniencia y el enchufismo sino por sus innegables aptitudes periodísticas? Aburridita me tienen...Comentario de hermanastra hace 4 años y 49 meses
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¿De dónde saca sus fuentes, Monsieur? ¿Por qué no asesora Usted a guionistas de películas? Hace nada vi una película estadounidense doblada AL POLACO y pude seguirla perfectamente sin entender una palabra (y no por la expresividad de los actores): todo demasiado simple.
Mientras leía esta blogticia no hacía más que pensar si la Hermanastra la habría leído. Ya veo que sí. Bueno, no desespere Su Gracia. A Cox no le fue mal, después. Anímeseme.
Un abrazo. Ya estoy de vuelta, Monsieur. Le traigo vodka. Del mejor.
Comentario de Microalgo hace 4 años y 49 meses
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La historia de Geoffrey Cox viene bien narrada en la introducción de la edición española de “La defensa de Madrid” que cito en mi tocho post. Introducción que por cierto imita a los entrañables libros de Cátedra, porque casi es más larga que el texto original. A mí también me llama la atención la cantidad de pequeñas historias reales interesantes que duermen el sueño de los justos sin que nadie las exhume. Por ejemplo, literatos y guionistas que vean su potencial, algo así como lo que hizo Truman Capote en su inmortal “A sangre fría”, sacando una lección universal de un crimen local. Mientras, me temo que habrá que conformarse con que un aprendiz de blogero les de cancha con el ansiado aplauso de sus selectos lectores.
Comentario de M.J. hace 4 años y 49 meses