El heroíco capitán Roberts y su hija Fifí
Monsieur Jacobine - 22-11-2005 16:34:43 | Categoria: Historiadas
El destino hila fino a veces en las cosas más inverosímiles. Hete aquí que en la historia que les conté de Geoffrey Cox surgía la intrusa Fifí Roberts, que se llevó la pequeña gloria de contar al News Chronicle la caída de Bilbao en manos franquistas. Pues leyendo otras cosas sobre nuestra guerra incivil me la he topado de nuevo con su presencia en la capital vizcaína en tan infausta ocasión. Como creo complementa mi reflexión previa sobre que los malos modos del periodismo actual ya estaban presentes en los años 30, no me resisto a introducir en los blogs la cansina manía de las secuelas.Desde que empezó nuestra guerra incivil los británicos mantuvieron el principio de la no intervención, asustados porque el conflicto de España se desmandase en una conflagración europea. Además, se supone que el gobierno conservador no veía con buenos ojos la revolución que estaba ocurriendo en la zona republicana. Londres consiguió mantener –o más bien aplazar hasta 1939-el status quo haciendo la vista gorda ante las descaradas intervenciones de Alemania, Italia y Rusia. Durante meses el invento les funcionó, pero a partir de abril de 1937 su oportunismo neutralista sufrió un duro golpe. Las tropas franquistas empezaron a atacar el País Vasco. Ya les dije anteriormente que había intereses comerciales fuertes entre los ingleses y Euzkadi (en aquellos años los nacionalistas lo escribían con Z de Banderas, el porqué de que ahora sea con S de secesionismo se lo preguntan ustedes al maestro armero de la academia vasca de la lengua) y los hombres de la City se preocuparon ante la guerra que avanzaba hacía sus libras invertidas en siderurgia y demás. Prueba del interés es que a la zona había ocho periodistas ingleses para anunciar a sus lectores a la hora del té si sus dineros corrían peligro.
Pues bien, iniciada la campaña el mando franquista decretó el bloqueo naval del puerto de Bilbao, con objeto de que ni entrase ni saliese mercancía alguna. Eso chocó con los intereses británicos a los que no convenía nada el que sus barcos no pudiesen ir allí. Pronto empezaron los incidentes entre los barcos bajo pabellón de la Union Jack, apoyados por su flota, y los franquistas. Fue una buena ocasión para que el gobierno de Londres se mostrase contrario a la sublevación, pero no. Al final pudo el miedo apaciguador, que tan caro le costaría a Gran Bretaña dos años después, y se echaron atrás, decidiendo que retirarían su flota en la zona y que los mercantes que intentasen romper el bloqueo estaban solos. Un diputado laborista replicó con cierta gracia que era la primera vez desde la Armada Invencible que la flota inglesa se arredraba ante la española. Sin duda Horatio Nelson tuvo que revolverse en su tumba ante tanta pusilanimidad.
Pero algunos capitanes mercantes ingleses, entre el romanticismo de la causa y el negocio, decidieron plantarse en Bilbao, con ese punto corsario que siempre ha sido tan grato a la Armada de Su Majestad. Entre ellos, un galés llamado W.H. Roberts. Al mando de un barco que respondía al gozoso nombre de Seven Seas Spray, cargado con 3.000 toneladas de provisiones, decidió jugársela. Con él llevaba a su hija Fifí, de veinte escasos añitos. El 20 de abril de 1937, entre el delirio de los vizcaínos, entró en Bilbao con su preciada mercancía. Pero no se crea que lo hizo esquivando obuses franquistas. No se topó con ningún barco contrario demostrando que lo del bloqueo era una falacia, pues los sublevados no tenían unidades suficientes para controlar el ancho mar.
Y ya nos vamos acercando en el momento en que la historia del Seven Seas Spray se cruza con la de Cox. Obviamente, el hecho fue aireado en la prensa republicana del momento y, como no, en la inglesa. Todos destacarían al capitán Roberts y a su tierna hija de veinte años como héroes en la mejor tradición de la marina inglesa. Seguramente, el News Chronicle la sacaría en su primera página. La popularidad de la chica fue tal que en mayo intervino en un mitin antifascista en Valencia. Con lo que cuando surgió la oportunidad de que escribiese en un diario, no era la desconocida señorita Roberts que casualmente estuvo allí, sino que era la heroica señorita Roberts que junto a su gallardo padre había roto el bloqueo de Bilbao. ¿Qué medio de comunicación se puede resistir a sacrificar un periodista profesional a cambio de tener a una heroína mediática?.
Es como si se le diese cancha a uno de Gran Hermano porque como sale en la tele la gente lo va a conocer. Ahora se comprende mejor el cabreo de Cox. Como se comprueba, el estrellato mediático abría puertas en los años 30 como ahora. Poco más debió hacer la ilustre Fifi Roberts tras su momento de gloria en Bilbao. La biblioteca de Babel que es internet no da más datos de ella. Uno de los que informó de la entrada del Seven Seas Spray en Bilbao fue el periodista sudafricano George L. Steer, que se hizo buen amigo del capitán Roberts. Steer encontró su fama pocos días después al ser quien dio al mundo la noticia del bombardeo de Guernica. Precisamente, cuando se enteró estaba cenando con Roberts. Tal vez algún día me anime a contarles sus historia, pues es ilustrativo de una forma de hacer periodismo que no se estila.
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Nada de Secuelas! Monsieur Jacobine nos está ofreciendo una novela por entregas, recuperando el otrora dignísimo género folletinesco. Y es que lo tiene todo para convertirse en un best seller. Una heroína, Fifí Roberts, que parece sacada de una aventura de Corto Maltés; un momento histórico, nuestra guerra civil; y una trama política con espías y corresponsales de guerra. Sólo queda buscarle un amante a Fifí para que la novela contenga la dosis necesaria de romance y sexo. A quién escogerá Monsieur para Fifí? A un periodista inglés cínico y dipsómano, a un fornido obrero siderúrgico vasco y nacionalista, a un intelectual republicano idealista y poeta? Da igual porque al final tiene que enamorarse de Geoffrey Cox, pero hay que mantener la intriga hasta el último momento para seguir vendiendo periódicos (o, en su caso, para acumular visitas a su blog).
Ansiamos ya el próximo capítulo...Comentario de Monsieur Sanson hace 4 años y 49 meses
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Interesante vuelta de tuerca en la historia.
Si alguno ha visto Al filo de la noticia, podrá entender aún más el cabreo de Cox y el odio visceral que William Hurt despierta en todos aquellos periodistas que han visto la película. Un personaje, el de Hurt, no excesivamente odioso pero que se hace detestar por ser atractivo, tener aplomo y saber estar en el sitio justo en el momento adecuado. Es uno de los Elegidos por los dioses para devorar las mieles del éxito más allá de cualquier sentido -y mucho menos, de la vista- de la justicia.
Y jugosa, también, la aportación que aquí nos hace Monsieur Sanson -con ese apellido, la familia de verdugos estaba predestinada-. Los tres arquetipos me parecen perfectos. Quizá me incline por el periodista dipsómano -la cabra tira al monte- siempre y cuando sea un enemigo de años, curtido en solera y barriles de roble, del insigne Geoffrey Cox.
Comentario de hermanastra hace 4 años y 49 meses