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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

Pretensiones sociales

La ciudad donde vivo no es precisamente una de las más ricas del país. De hecho siempre que sale una estadística del paro está en los puestos de cabeza. Uno de los índices de sociología de andar por casa que atestiguan esto era la modestia de las bodas. Además que antes se casaba menos gente –si paseas un sábado por la tarde te encuentras ceremonias enlazadoras a cada paso, las iglesias y lugares de comilonas tienen listas de espera que ríanse ustedes de las de los hospitales- eran eventos modestos. Los novios, como correspondía a su condición de estrellas de la función, sí iban arreglados, pero los demás iban modestitos, como es propio de una ciudad donde no abunda el dinero.

Pero esto ha cambiado en los últimos años. Tal vez sea el rearme moral impulsado por el Vaticano que ha puesto las celebraciones cristianas de nuevo de moda o por la nefasta influencia de tanto programa del corazón, pero las bodas parecen todas pensadas para la portada del Hola. A veces se ve gente perdidísima en sus chaqués y vestidos largos color champán, como figurantes de una producción de serie B que han recibido los trajes de una película anterior esa misma mañana sin tiempo de probárselos. Proliferan accesorios propios de las bodas de la nobleza, tipo coches de caballos o automóviles descapotables años 30, con lo que la feliz pareja parece Hitler entrando en Viena. A lo mejor es una muestra más del avance cani, ya que tanto trapito no esconden muchas veces delatores anillos de poca monta poblando sus dedos.

Sin embargo, lo último de esta pretenciosidad social, que demuestra como los tiernos cerebros están estragados por lo de “el día más feliz de tu vida” lo vi el otro día al pasar por la puerta de Diputación. En sus señoriales escaleras había una pareja de novios engordando los ingresos de algún fotógrafo haciéndose el reportaje de la boda. Hasta ahí normal, en ese lugar se celebran enlaces civiles. Lo grave era que les acompañaban dos niños, a guisa de pajes, vestidos como los hijos de las infantas en la boda del príncipe. Escena recordada porque de nuevo la tele habló de la campechanía de la familia real cuando uno de ellos empezó a darle patadas a una de las primitas sin que nadie pensará que igual se está incubando un nuevo Froilán el Terrible. Ya se que los novios son los reyes de las dos casas enlazadas ese memorable día, pero imitar tanto a los verídicos ya es excesivo.

Aunque como jacobino en ejercicio, lo que me deprime es ver como el modelo de la familia de la Zarzuela es imitado por todo tipo de ciudadanos con pretensiones. Si no puedes convencerlos con su papel político, convéncelos con sus ceremonias. Triste.

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Comentarios

  1. Permítame que le "contradizca": más que de la Zarzuela, pienso yo que esta es una cuestión de zarzuela. Fue en el palacio donde por vez primera se representó el género chico, de ahí el nombre, dicen; pero es en la vida cotidiana donde la religiosidad toma matices zarzueleros. Bien lo supo ver el malvado Nietzsche cuando describió, con qué descriptiva mala uva, una misa católica de un domingo cualquiera en su localidad de residencia. Bien lo resumió don Ramón María del Valle - Inclán al afirmar, sarcástico y notarial a un tiempo, que los españoles nos llamamos católicos porque nos casamos por la Iglesia y bautizamos a nuestros hijos. Bien lo sentencia el habla popular cuando define el catolicismo de la mayoría con las siglas BBC..., Bodas, Bautizos y Comuniones.
    Y en todo ello estriba su radical importancia, su rotunda capacidad de influir, su omnipresencia..., en el uso social, posiblemente el mejor agente conservante jamás inventado.

    "Venciste, judío" dicen que fueron las últimas palabras de Juliano el Apóstata..., ni se imaginaba hasta qué punto.

    Un cordial saludo.

    Comentario de Jayel hace 3 años y 48 meses

  2. Horror de frase; quería decir: "Bien lo supo ver el malvado Nietzsche cuando relató, y con qué descriptiva mala uva lo hizo, una misa católica..., etc.

    Perdón por el estropicio.

    Comentario de Jayel hace 3 años y 48 meses

  3. ¡Tendría tanto qué decir, como usted bien sabe, respecto a este asunto! El instinto gregario del ser humano lo lleva por unos derroteros no siempre aconsejables. Y, por mucho que despotriquemos, luego al final acabamos comprando en el Corte Infiel, casándonos en El Carmen y/o bautizando a los niños.
    Lo malo, como usted insiste, es la cuestión del zarzuelo. El hiperbólico vivan las caenas en el que parecemos estar metidos en los últimos tiempos. El pobre Rosseau se haría Hobbesiano de vivir en nuestros días.
    Consuélese pensando que tiene suerte de no ser mujer: dos meses después del compromiso real, era imposible que no te peinarán en las peluquerías como a Reina Leti. Lo juro.

    Comentario de hermanastra hace 3 años y 48 meses


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