El lirismo de los simios
Monsieur Jacobine - 16-12-2005 18:08:10 | Categoria: Cinefilias y cinefobias

Tenía grandes reticencias ante el nuevo King Kong de Peter Jackson. Parecía un capricho de nuevo rico. Ahora que soy todopoderoso tras dominar el cine de primeros del milenio dándole más empaque del que merece a la sobrevaloradísima trilogía anillil de Tolkien me compro el juguete que siempre quise. En su caso, las aventuras del mono gigante que gustaba de las rubias, película de 1933 que le marcó en su niñez y que fue determinante en su vocación cinematográfica.
Tal vez el volver a rescatar a King Kong sea para Jackson una suerte de agradecimiento al mono que le trazó el camino que le ha sacado de su Nueva Zelanda natal y le ha convertido en una celebridad mundial. Tal vez sea el restaurar el honor del simio, que la verdad es que desde que se convirtiera en un mito hace setenta años no ha dado pie con bola. El film original es una joya, un incunable irrepetible, del que lo único malo que se puede decir es que seguramente despertará las risas con sus anticuados efectos especiales a una generación que se ha criado con las infografías. Lo sorprendente es que sus responsables, Cooper y Schoedsack hicieron la obra maestra del cine surrealista sin pretenderlo, lejos de los experimentos de Europa. No es de extrañar que a Buñuel le fascinara... y, también, ejem, a Hitler, que lo tenía entre sus filmes favoritos. ¿Se sentiría como Kong en el Empire State cuando se vio acorralado en el búnker?. King Kong es una pesadilla entera, que como todo sueño que se precie tiene terror, extrañezas y erotismo más o menos subyacente. Poco a poco nos vamos metiendo en un mundo onírico, desde el realista principio en Nueva York hasta la progresiva aparición de la isla y sus maravillas, que van decantando la película al fantástico aventurero sin concesiones. Dicen los teóricos que los conflictos de este género son dos: o lo cotidiano entra en lo maravilloso o lo maravilloso entra en lo cotidiano. King Kong ofrece ambos matices a la perfección. Primero humanos entran en una jungla llena de criaturas olvidadas por el tiempo y luego es el rey de ese mundo el que se comprende como cual Paco Martínez Soria que la ciudad no es para él.
El modelo original fue tan perfecto que nadie supo seguirlo. Los propios padres cinematográficos de la criatura lo fastidiaron todo en una infame secuela, El hijo de Kong, donde al final la isla de las maravillas se hundía como para dejar claro que ahí se acababa la historia, pero que va. Los japoneses saquearon al personaje hasta el punto de convertirlo en un monstruo de repertorio que le hacía de sparring a uno de sus hijos bastardos, Godzilla. Hasta que en 1976 se hizo un remake ortodoxo sólo reseñable por dos motivos: puso en el mapa del cine a Jessica Lange y Kong escalaba al final las malhadadas Torres Gemelas.
Así hasta que Jackson ha decidido coger al mono por los cuernos y poner las cosas en su sitio restaurando al personaje. Lo ha hecho de forma cuasi operística. El primer King Kong duraba cien escasos minutos, pero el suyo aguanta tres horas. La película es barroca en todo, con aire de cine antiguo y tan imponente como su protagonista. El caso es que su talón de Aquiles es su duración. Media horita menos, menos aventuras bichescas en la isla y menos recrearse en el triste final hubiesen venido de perlas para redondear un film de enjundia y con un lirismo sobrecogedor. De nuevo, como en el caso de Gollum es un bicho recreado por ordenador el que se lleva la función de calle. Kong es malhumorado, gruñón y tiene toda la película un gran aire de dignidad herida. Esta viejo –tras golpearse el pecho al conseguir una victoria tose- y descubrimos que en su mundo está tan perdido como Ann Driscoll en su Nueva York. Al fin y al cabo es el único simio de su especie que queda en una isla llena de T-Rex con los que siempre anda a tortas. En uno de los momentos más sutiles del film, Jack pasa junto al esqueleto de un simio gigante cuando va a la guarida de Kong a rescatar a Ann, señal de que para el viejo mono hubo tiempos más socializados.
Lo mejor es que esta versión juega la carta de la Bella y la Bestia a tope. La absurda relación que se establece entre dos outsiders como Ann y Kong es de una gran belleza. Uno de los mejores momentos es cuando la chica empieza a exhibir sus trucos de actriz de vodevil para calmar la ira del simio, invirtiendo la situación: la humana haciendo de mono enjaulado para sobrevivir. No es de extrañar que Jack Driscoll pierda peso en la trama poco a poco. La verdadera pareja del film está en otra parte. Kong está bien arropado, pues Jackson no ha repetido el gran punto flaco de la trilogía de los anillos y se ha buscado buenos actores. Naomi Watts (¿Quién no subiría al Empire State por ella), Adrien Brody y un Jack Black como un visionario director que seguramente tiene mucho que ver con el propio Jackson.
Que al contrario que su sosias fílmico ha conseguido que funcione la octava maravilla del mundo. Cuando no se le va la olla con el exceso, King Kong es una película imponente, que demuestra el sentido del espectáculo del neozelandés y que consigue que mucho tiempo después de salir de la sala nos siga persiguiendo el rostro herido del gorila, que remueve algo en nuestras turbias conciencias.
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Y bueno.
¿Sale en la película (aún no la he visto) algún biólogo tomando una mumestra de sangre del fallecido simio para clonarlo? Miren que eso está chupao. Pueden sacar mil secuelas, de esas que tanto le gustan a Monsieur: Los doscientos hijos pelones de King Kong atacan Connecticut, por ejemplo. Fascinante.Comentario de Microalgo hace 3 años y 48 meses
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Bueno, piense que la acción transcurre en 1933, con lo que llo de a clonación chungo. Aunque pueden sacarse de la manga al Doctor Mengele que ya esté en el tema en tan temprana fecha, no lo descarte. Lo que sí, le digo, aprovechando el tema de la clonación, es que uno de los problemas de las escenas de los dinosaurios es que parecen la cuarta parte de "Parque Jurásico" sin más historia.
Comentario de M.J. hace 3 años y 48 meses
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Si mi memoria no me falla el guión de Parque Jurásico 2 era una copia descarada de King Kong. Donde las dan las toman.
Comentario de Monsieur Sanson hace 3 años y 48 meses
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Le entiendo muy bien. Incluso YO treparía al Empire State a por Naomí Watts. Creo que, en este caso, incluso Borges se callaría aquello de 'No sé qué es lo que el mono vio en ella'.
Comentario de hermanastra hace 3 años y 48 meses