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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

Carmen Potter

Carmen Potter apareció un día en la redacción. En principio iba a Internet, pero se quedó en cultura, con esa claridad de criterios de la empresa que tan cara le ha costado. Ponía un punto exótico, pues era gallega y, la verdad, hablaba como en los chistes. También cumplía un tópico de los que se achacan a sus paisanos: si la pillabas en medio de una escalera, no sabías si subía o bajaba.

Pero esto fue al principio, pues a medida que pasaba el tiempo quedó claro que Carmen Potter era prudente y le gustaba observar el panorama donde se metía antes de descubrirse. Poco a poco se fue soltando. Una compañera que también fue ejecutada en verano por la clarividente empresa la calificó de “Amelie con muñeira”. Creo se equivocaba. Bajo su dulzura y sus suaves maneras latía una auténtica leona, que cambiaba agresividad por la constancia y el ir sin prisa pero sin pausa. Resultó ser una concienzuda profesional. La elegancia con la que hablaba por teléfono en sus entrevistas la hizo famosa. “¡La galle es mortal ligando por teléfono!” decía otra de las compañeras. Y es que la llamaban galle o gallega, con un punto regional muy propio de la extinta mili. A ella no pareció molestarle nunca, o al menos nunca se quejó. Se hizo pronto una presencia suave y querida en la redacción, más allá de los límites geográficos de la sección de cultura.

Por supuesto que Carmen Potter no se llamaba Carmen Potter. La rebautizó así M.J. cuando descubrió su amor por el mago creado por J.K. Rowling. Probablemente nunca supo que cuando el suscribiente hace esas cosas es una muestra de cariño más que una burla. Descubrimos que ambos estábamos irremediablemente enganchados a la serie Perdidos, y como se estaba bajando la segunda temporada de internet de vez en cuando me lanzaba suculentos avances de cómo iba el asunto. Ya me hacía pequeñas confidencias, como cuando confesó sus problemas de circulación en las piernas que venían de familia.

El lunes Carmen Potter fue llamada a capítulo por la jefa de personal, uno de estos tétricos personajes que por tener determinado master pagado a precio de oro se cree con derecho a decidir sobre la vida y la muerte. Le comunicó que el miércoles era su último día, pues no le renovaban el contrato. La explicación es que del alto mando de la empresa habían comunicado que había mucha gente y que había que despedir. Tuvo la mala suerte de que su contrato era el primero en extinguirse y que lo sentían. Cuando me enteré, pensé en las películas de campos de exterminio. “Mañana me mandan tres mil judíos húngaros y tengo que hacerles sitio”.

Carmen Potter estaba ayer en su último día de trabajo. No ha sido la única en caer esta semana, con lo que el ambiente estaba cargado. Algo así como un velatorio laboral donde el difunto está vivo y coleando. Me acerqué a darle mis condolencias y me recibió con forzada entereza. Le pregunte que iba a hacer –obvio, pero que quieren, en determinadas situaciones todo ingenio se embota- y me dijo que intentaría buscarse la vida en principio por aquí, y sí no, a Galicia. “Me gusta esto, yo más chula que nadie” sonrío forzadamente. “En fin, yo me vine aquí por trabajo y me iré por trabajo”. Dos lagrimones empezaron a asomar por sus ojos “Bueno, tengo que seguir, que tengo una página que hacer y se me hace tarde”. Respete su momento de debilidad apretándole el hombro mientras me marchaba discretamente.

Yo deje la redacción antes que ella, así que me acerqué a despedirme. “Que tengas suerte”. Volvió a sonreír doloridamente. “Voy a tener una suerte increíble, me van a llover las ofertas”. No pude por menos que recordarle a Shakespeare (que se le va a hacer, cultureta hasta el final) “El destierro está aquí dentro, la libertad está ahí afuera”. Se río abiertamente por una vez.: me alegro de haberle podido darle un momento de humor.

Al marcharme, pensaba en esa gente que sin ser grandes amigos tuyos juegan un pequeño papel en tu vida y que cuando salen de escena dejan un pequeño e imperceptible poso. Carmen Potter es una de ellas. Suerte, gallega.

Referencias

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Comentarios

  1. Bello alegato de compañerismo a fé mia. Lástima que salga de la mano de tan torpe y cruento movimiento empresarial.

    La conocí brevemente en un concierto a la Srta. Potter. Maja la dama, y buenos los comentarios de los que me la presentaron, me parecía que no erraban. Coincido en que es una lástima la pérdida, si finalmente vuelve a emigrar, aunque muy propio de su pueblo por otra parte.

    Requiem pues {uno más y este mes será movidito}, por un trabajador. Ya lo dijo en su día German Coppini, "Malos tiempos para la lírica", se hacen crudos hoy "Malos tiempos para la prensa".

    Salud y suerte Carmen Potter.

    Comentario de Triskel hace 3 años y 47 meses

  2. Yo no soy funcionario, pero trabajo para la "res publica". Además, en mi tipo de trabajo "el gancho, que decide quién se va y quién se queda" es una comisión tan lejana que casi ni tiene nombre. Una especie de "Holandés Errante" con el que no puedes contactar ni para cagarte en sus ancestros.

    Siento mucho que una persona que trabaje y que lo haga bien no tenga la oportunidad de estabilizarse. Sobre todo cuando hay tanto cenutrio que SÍ se estabiliza. Recuerdo en una empresa acuícola donde estuve de prácticas en mi lejana juventud: un tipo tenía encargado darle de comer a las doradas. En lugar de "sólo eso", le dio dietas variadas e hizo un seguimiento de la respuesta de los organismos ante las diferentes dietas. A la hora de estabilizar su contrato, fue substituído por el sobrino del director del centro. Ése que preguntó (licenciado) cómo se usaba un electrodo de pH (es como un lápicillo que se mete en el agua y se ve el dato en la pantalla, para quien no esté iniciado).

    Pues mi pésame y mucho ánimo. Yo tengo la ilusión de que la gente válida tira p'alante. Mírese Usted mismo, Monsieur.

    Abrazos.

    Comentario de Microalgo hace 3 años y 47 meses

  3. Monsier Jacobine, me rindo al poder de su pluma.
    Y lamento no estar de acuerdo con usted, señor Microalgo. Como hermanastra fea, tengo la certeza absoluta de que la gente que prospera suele ser, en amplia mayoría, aquella cuya ineptitud sólo va pareja con su mezquindad. Sé de que hablo: de tanto en tanto, me siento a tener, digamos, conversaciones asertivas con los tipos de cobarta y MBAs para tiburones.
    Desde aquí, y aunque no le sirva de nada, porque nunca lo lea, toda la suerte del mundo, Carmen Potter. Me encantaría volver a chocarme con usted en un metro de otra ciudad.

    Comentario de hermanastra hace 3 años y 47 meses

  4. Gracias a todos por su solidaridad, a los que conocieron siquiera fugazmente a Carmen Potter y a los que no. Tal vez ese mismo apoyo tengan que dárselo pronto al propio M.J. y a alguna de sus habituales comentaristas, de seguir las cosas así en la empresa. Todos los neocons que defienden la eficacia de la gestión privada frente a la pública, deberían darse una vuelta por allí para ver como su dogma de fe económico se resquebraja.

    Seguramente Carmen Potter nunca leerá esto, pero espero que las teorías sobre que la energía positiva pueden influir en la suerte de las personas sea cierta y las que les mandamos modestamente desde aquí y las que ha dejado en la redacción iluminen su camino.

    Y yo estoy de acuerdo con Hermanastra. Al contrario que en los libros, al final el lado oscuro de la fuerza y el poder siniestro de Saurón suelen llevarse el gato al agua.

    Comentario de M.J. hace 3 años y 47 meses


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