Sebastian Shaw
Monsieur Jacobine - 15-02-2006 16:25:25 | Categoria: Elucubraciones
Sebastian Shaw nació el 29 de mayo de 1905, con lo que por unos pocos días no comparte cumpleaños con M.J. Con ese nombre tan de novela victoriana sólo podía haber nacido en Norfolk, Inglaterra. Encaminó sus pasos hacia la interpretación. Tras una época en el teatro, el cine sonoro le llamó a partir de 1930. Tuvo una carrera larga y estable en el medio, aunque nunca fue popular. Eterno secundario, tal vez sus papeles más destacados fueran los que encarnó a finales de los años 30 en diversas producciones del entonces capo supremo del cine británico, Alexander Korda.Claro que Sebastián Shaw nunca emigró a América como tantos colegas nacidos en las islas, por eso igual su nombre no suena mucho. La biblia de los buscadores de datos cinéfilos, la IMDB, da una lista de 56 trabajos suyos en la gran y la pequeña pantalla entre 1930 y su despedida en 1991. Todos ellos son filmes bastantes olvidados, excepto uno, del que luego hablaremos. Pudo ser un caso de mala suerte. Shaw medía 1,88 y tenía una gran planta, pero eso no le valió de mucho. Tal vez David Lean si le hubiese dado un papel en una de sus megaproducciones... o si Terence Fisher se hubiese fijado en él para alguna de sus películas con las que renovó el género de terror en los 50 para la Hammer, en vez de Christopher Lee o Peter Cushing... pero no. A partir de los 60 Shaw se dedicó preferentemente la televisión y al teatro, además de publicar alguna que otra novela.
Y sin embargo, su pequeña oportunidad para fijarse en el imaginario colectivo le llegó en plena vejez. En 1983 George Lucas buscaba a alguien que diese la cara en un momento culminante de “El retorno del Jedi”: aquel en que Luke le quitaba la careta a Darth Vader y veía por fin el rostro de su padre. No salía mucho, pero la secuencia era tan trascendental que seguro el actor que encarnase al moribundo tendría su momento de fama. Shaw fue el elegido. Seguramente su 1,88 influiría en la decisión, para mantener la continuidad con el gigantón David Prowse que había estado toda la primera (o al segunda, según la nueva reordenación del Evangelio Lucas) trilogía, y que se quedó de piedra cuando comprobó tras el primer film en rodarse que su voz había sido sustituida por la de James Earl Jones. Esto es el cine contemporáneo, tres actores y un solo personaje verdadero. Sebastian Shaw apareció con la cara destrozada cuanto Vader se reconcilia con su hijo antes de morir y al final, en toda la esplendidez de sus casi 80 años en la fiesta de la victoria que cierra “El retorno del Jedi”, cuando el fantasma del restablecido Annakin Skywalker aparecía sonriente junto con Obi Wan y Yoda viendo desde el más allá como se ha restablecido el orden Jedi.
Tras esto, poco más le quedaba hacer a Shaw. Su papel más destacado después de eso fue el de “Temporada alta”, hecha por la mujer del guionista habitual de Bertolucci y que gozó de cierto predicamento en su tiempo (1987). Y eso que no era más que una nueva película de anglosajona depresiva que se va a buscar la luz mediterránea para consolarse. Nuestro actor falleció la víspera de la Nochebuena de 1994, con 89 años cumplidos y con la satisfacción de haber sido el redimido Darth Vader. Pero ay. Cuando Shaw pasó a mejor vida, empezaba una cosa llamada revolución informática que le ha acabado fastidiando póstumamente. Con la misma arbitrariedad con que le cambió la voz a Prowse, Lucas decidió en las nuevas ediciones en DVD de la que ahora es segunda trilogía cambiar el plano final de los jedis fantasmas, y sustituir a Shaw por Haydeen Christensen, el joven Annakin (ya son cuatro actores y un solo personaje verdadero). El pobre actor británico se fue a la tumba con la satisfacción de haber puesto su granito de arena en una saga legendaria, y ahora lo que queda de él sólo es su rostro deformado después de que le quiten la careta. Nada de su esplendoroso rostro brillando al final.
En fin, hay gente que no tiene suerte ni después de muerto. Cuantos se irán al otro barrio pensando que han dejado algo que merece la pena, siquiera una cosa tras ellos que justifica su existencia y que luego es deshecha por desaprensivos, o simplemente por el olvido. El caso es que Sebastián Shaw no ha podido reír como los Jedi al final de “El retorno del Jedi” en el más allá, sino que su sonrisa se habrá congelado para siempre.
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Pues es una guarrada. En plan "Queremos tanto a Glenda", de Cortázar, pero en chungo (más chungo). Eso es como si a alguien le da por cambiar el final de Casablanca, porque cambie la moda.
ELSA: - Rick, que le den por saco a Laszlo. Yo me voy contigo, que eres más bajito pero un tipo duro. Hmpf.
RICK: Di que sí, rubia maciza. Quítate esa glicerina de los ojos y vámonos al catre. Schuick.
RENAULT: Creo que este es el comienzo de un bonito trío. Me apunto.
Gueeej. Prefiero que las cosas se queden como se diseñaron al principio (o al final, en el caso de Casablanca).Comentario de Microalgo hace 3 años y 46 meses