La mujer ideal
Monsieur Jacobine - 08-03-2006 17:35:38 | Categoria: Elucubraciones
Ana es diplomáticamente sonriente. Se nota que es de estas personas acostumbradas por su oficio a poner buena cara a todo tipo de sujetos, pero aún así se trasluce una simpatía nata, aunque algo matizada por tener que hablar con demasiada gente. La primera vez que contacté con ella fue por teléfono. Le dije que por su extraño oficio Monsieur Jacobine tenía intención de desplazarse al Festival de documentales que ella dirige en Navarra. Su voz sonó alegre al ver el interés y que les había salido un hermano sureño en esto de dar cabida al cine de no ficción. Al final convinimos que yo iría tres días.Llegué a Pamplona un sábado por la mañana tras probar en mis carnes los horrores de la T-4, que me perdió la maleta –afortunadamente llegó esa misma tarde- y acto seguido, dado que desropado como estaba –bueno, llevaba lo puesto- no tenía que perder mi tiempo en deshacer el equipaje me fui directamente a la sede del Festival. Así la conocí. En realidad no la traté demasiado en mis tres días de estancia. Como es lógico, tenía mil cosas que atender como para centrarse en ese despistado sujeto sureño que se estrenaba en eso de ir de embajador de eventos cinematográficos. Hable poco con ella. Una vez para pedirle, una vez recuperada la maleta, que me permitiese distribuir las bases de nuestro concurso. Hizo comentarios graciosos sobre el cartel “Parecen pescaditos”. “Sí”, dije yo, aunque sinceramente nunca lo había visto desde ese ángulo, “hay que usar lo que se tiene”. Otra vez le pregunté sobre la increíble retrospectiva de documentales japoneses que habían montado. Se mostró algo dolorida. “Ha sido mucho curro para casi nada. Íbamos a hacerla en colaboración con no se que institución de Barcelona pero al final se rajaron y lo hemos tenido que pagar todo. Muy caro, traer las películas de Japón y el subtitulaje.” Se habían tirado más de un año preparándola, usando a amigos personales en el viejo imperio del sol naciente. Un trabajo extraordinario que me hizo sentir lo mucho que me queda por aprender en el mundo de los festivales.
Otra vez me la tope a la entrada de una de las salas de proyección. Hablé brevemente con ella preguntándole como lo llevaba. “Uff, no veo la llegada del sábado”, me sonrió, sin duda soñando con la siesta que se iba a pegar cuando todo acabará. Mi último encuentro fue la mañana que emprendí el regreso. Me despedí de ella y, como buen embajador, le propuse que en septiembre nos devolviese la visita. Me preguntó como había visto el festival y le mostré mi depresión .”Nos queda mucho que aprender allí abajo viendo esto”. Se rió francamente. “Seguro que sale mejor de lo que esperas, todo es ponerse a hacerlo”.
Como se ve, breves encuentros en el maremagnum de un festival. Nada de largas conversaciones, paseos bajo la lluvia –que la hubo en Pamplona en esos días de febrero- ni cenas hasta la madrugada. De hecho, todo muy funcional. Pero yo me volví con la idea de que si hay una mujer ideal para Monsieur Jacobine debe ser como Ana. Y no porque levante pasiones en un corazón cada vez más sociopático, sino por pura cuestión de excentricidad. Ahí había otra persona obsesionada con el cine, más allá de trabajos similares. Alguien tan colgado por el tema que es capaz de montarse una retrospectiva de documentales nipones, que deja boquiabiertos a los entendidos e indiferentes a los que sólo buscan en las pelis un entretenimiento de domingo por la tarde. Alguien que seguro piensa que merece la pena invertir tu vida en estas actividades frente a la ola canista, ultracatólica y neoliberal que nos azota.
Y de vuelta en los aviones me di cuenta de que el amor, ese hermoso sentimiento que diría nuestro blog hermanastro, no es una soledad compartida, sino para muchos un interés extraño compartido. Como casi todos quieren casa, coche, hijos, y las ventajas de una vida burguesa no hay problema. Pero cuando uno, en esta sociedad teóricamente libre e igualitaria se despista mucho del ideal colectivo tiene que espigar para encontrar el amor. Algo así como los protagonistas de “American Splendor”, unidos porqué son dos frikies y no van a encontrar nadie igual. Ante eso los sentimientos y la pasión palidecen. No tienen nada que hacer si tu pareja no entiende eso de que en vez de trabajar en un banco te pongas a perseguir documentales japoneses.
O puede que la edad me esté haciendo un cínico –sociopático dije antes- y ya sólo crea que las relaciones humanas se pueden entender únicamente en sentido de intereses comunes, como las políticas. De todos modos, para que se den cuenta de la abstracción de mis ideas, ni siquiera me fije si Ana llevaba anillo de casada. Tal vez si viene por aquí en septiembre lo mire.
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"Cuando el amor llega así, de esa manera, uno no tiene la culpa...." Celia Cruz - Bamboleo.
Mi muy querido Monsieur Jacobine. No cabe duda que vd. es un racionalista y, como uno que yo me se, un propenso a la analítica de envergadura.
No obstante y siguiendo su desmigajadora actitud, ignorando los fehacientes hechos, he de reconocer que más allá de la impresión externa inicial, lo que nos lleva a perder inmiseridordemente babas y babas por un ser afín, es que el rango de sus onda cerebrales ande en sincronía con las propias. Bien es cierto que hay parejas que son interesantes dúos de contrapunto al respecto, pero donde hay una regla hay una excepción, o varias. Contemplo como vd. que no más se sale uno del cesto un tantito así, se las vé y se las desea {o al menos esa impresión se lleva} para encontrar medios cítricos.
Por otra parte desconfíe, el estúpido de Cupido no solo emplea flechas normales al uso, también modernísimos microdardos {no hacen falta tres días y varios encuentros casuales y breves; un roce, una mirada, bastan}, y a veces empecinados arietes. Hágaselo ver por el doctor, vaya a ser que se contagie de aquello para lo que se sospecha inmune.
... aseteado frenéticamente en barbecho
TRISKELComentario de Triskel hace 3 años y 45 meses
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Es lo que tiene ser un intelectual, que se le escapan a uno los detalles prácticos. Desde muy jovencitas, como todo amante de los cuentos de hadas sabe muy bien, las hermanastras somos aleccionadas en el sibilino arte de localizar alianzas en anulares. La próxima vez, que no se le escape, Mr. Jacobine -el otoño me gusta mucho más que la primavera para el romance, fíjese usted-. Y respecto a ese tierno sentimiento... qué le voy a contar. Sé lo que me dice de la afinidad de caracteres. Cada vez más estoy convencida de que el amor que dura, el amor a larga distancia, no es cariño, ni afecto, ni simpatía. Es amor, sí, pero no tremebundo y fagocitador. Da un calor de cerilla que no se apaga nunca, como el mágico menorah de los judíos.
Lo que a usted le ocurrió... bueno, yo creo que iba en sintonía de la vieja castaña esta del alma gemela. Que en términos de psicología moderna, se ha dado en llamar transferencia: tendemos a realizar una proyección de nuestra persona en el objeto deseado y, así, lo entendemos como algo cercano y digno de amor. Creemos comprenderlo en su totalidad, y amarlo por todo él, por su historia entera. Son los truquillos con los que la madre naturaleza nos va envenenando para, al fin, caer en la trampa que pretende: la procreación.
Todo para eso, ya ve. Queremos lo mismo que los virus y las cucurachas: que nuestra carga genética gane.
Y me ha salido un tochazo. Lo siento.Comentario de hermanastra hace 3 años y 45 meses
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Pues Cupido debe currárselo poco en el fondo, amigo Triskel, si al final pulula por los sitios que agrupan almas afines para practicar el tiro al arco. Aunque supongo que tras varios milenios engordando las cuentas de los fabricantes de flechas, igual se ha vuelto comodón como todos los que tienen trabajo fijo.
Ciudadana hermanastra, me sorprende ese giro que da su personalidad al darwinismo más puro. Aunque seguro que la naturaleza no pensó a la hora de diseñar los códigos genéticos que pasados eones una cosa llamada cine podía unir almas gemelas. De todos modos, interesante su teoría de la transferencia, que parece apuntar a que nosotros en realidad nos amamos a nosotros mismos antes que a nada en el mundo y en realidad nos buscamos en los otros. Pero eso puede funcionar en egos asentados, no se si en los más tenues. Y no se preocupe por sus tochazos, que son como agua de mayo que refresca las cuadernas del blog.Comentario de M.J. hace 3 años y 45 meses
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Los suyos sí que son agua de Mayo. He leído tres veces su post por el puro placer de la lectura (sólo así se explica que se me vayan los ojos a los acentos que su traidor corrector de Word le coloca donde no deben estar), como quien lee a Millás o a Palma No, no voy a nombrar al argentino enorme ni al boloñés loco, lo vamos a dejar en escritores patrios. Gran placer leer lo que Usted escribe.
Como dice nuestro amigo Adusto (siempre en borma) de sí mismo, yo sólo soy un pobre patán, por lo que mis consejos (NUNCA dé Usted consejos, acépteme el consejo) no tienen por qué ser tomados en cuenta. Pero si puediera dárselo, le diría que intentara seducirla. Ya lo sé, que es casi imposible. La distancia, una mujer así debe tener pareja seguro, y yo quién soy para que se fije en mí... Pero las cosas más hermosas que me han pasado en mi vida me han ocurrido contra todo pronóstico... y siempre después de intentarlo. Ánimo, que Usted vale mucho. Y si logra que ella le lea, tendrá la mitad de la cosa hecha. Estoy yo mismo por tirarle los tejos a Usted, fíjese Monsieur. Si no nos conociéramos de tiempo atrás, no fuéramos los dos heterosexuales manifiestamente heterosexuales y mi corassón no estuviera actualmente flagelado por una perversa mujer (¿y cuándo no es fiesta?), otro gallo nos cantara, verdugo mío.
Muá.Comentario de Microalgo hace 3 años y 45 meses
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Ya sabía yo que "Brockeback Mountain", a pesar de no ganar el Oscar, iba a traer cola... ¿Nos vamos a pescar a Wyoming una vez al año, amigo Microalgo?.
De todos modos gracias por el excesivo apoyo a mis escritos, consuela saber que estas elucubraciones que deja uno en la ciberesfera hacen disfrutar a algunos. La verdad es que no me apetece arruinarme en aviones a Pamplona. A veces es mejor dejar las cosas así, como una suave brisa invernal que refrescó un corazón empedrado sin mas consecuencias..Comentario de M.J. hace 3 años y 45 meses
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Bonsoir, Monsieur Jacobine. Me ha gustado su reflexión suavemente intimista, salvo por el detalle del anillo, que estropea un poco el final. Porque sí se trata de despistar el ideal colectivo ¿a que viene tener que fijarse o no en un puro símbolo del mayor convencionalismo social?¿Hasta que punto impediría (o facilitaría) la existencia o no de ese anillo la posible revelación de un temperamento afín? La lejanía, en cierto modo, es cómoda-
SaludosComentario de Lou Rouge hace 3 años y 45 meses
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La lejanía es cómoda, Mademoiselle Rouge. De acuerdo. Pero reconózcame que como la cercanía no hay nada. Y cuanta más cercanía mejor: el óptimo se da cuando más cercanía es imposible.
Comentario de Microalgo hace 3 años y 45 meses
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Bueno, mi admirada y admirable Lou, a la que es un gusto volver a ver por aquí, M.J. no puede evitar al final dejarse caer con una chanza o ironía que refleje que después de todo no hay que tomarse demasiado en serio lo que ha escrito. Pero viniendo de alguien como usted, con su gusto y talento, es para pensarse los remates de los futuros posts.
Comentario de M.J. hace 3 años y 45 meses