Confesiones en la hamburguesería
Monsieur Jacobine - 29-03-2006 16:16:37 | Categoria: Escenas de la vida cotidiana
La hamburguesería se halla en la esquina de una céntrica plaza de la ciudad. Es un establecimiento tradicional, si este término puede aplicarse a un negocio de comida rápida. Lo llevan dos señores de unos cincuenta años que tienen pinta de haberse pasado toda la vida allí. Su decoración con azulejos andaluces indica que llegó antes que la franquicias hamburgueseras made in usa arramblaran con todo. Empero, hay un cuidado en la elaboración de sus productos algo artesano, aunque rocemos la paradoja dada la mercancía. Yo la descubrí en una estancia anterior en esa ciudad, años ha. Es un sitio ideal para una cena presta cuando el horario aprieta. Por eso, en visitas posteriores al ciudad, siempre acabo visitándola.Esa noche estaba de nuevo ante una hamburguesa de queso y huevo, pero al contrario que otras veces no estaba solo. Frente a mi estaba R., alguien a quien conozco poco, aunque me cae bien. Estábamos en la ciudad, que obviamente no es la nuestra, por motivos profesionales, lo que nos obligó a convivir una serie de días desde la mañana hasta la noche. Demasiadas horas para que no surgiesen las confidencias. Se ve que R. estaba dispuesto a ellas. Me pregunto de sopetón si yo vivía solo. “No, con mi madre. ¿Y tú?”. “No, con F. Desde hace doce años”
Horas antes había conocido a F.. R. se hospedaba con él en casa de un familiar. Esa misma tarde se había marchado de la ciudad donde había pasado el finde porque al día siguiente trabajaba. F. es inequívocamente homosexual. Supongo que R., curtido en esas lides, supondría que yo sumaría dos y dos y en la cena decidió coger el toro por los cuernos.
El caso es que tras decir lo de los 12 años me miró como esperando una reacción. Yo seguí atacando la hamburguesa. “Ahora es cuando tu me echas a los perros”, medio bromeó, medio desconfió. Y es que R. en los días que llevábamos juntos, ha llegado a la conclusión de que yo soy muy radical ¿Qué otra cosa se puede esperar de un jacobino?. Volviendo a la conversación, se ve que mi contertulio quería que yo rematase la faena, así que me vi obligado a hacer una pregunta retórica a esas alturas “¿Pero sois pareja?”. “Sí”. “Pues no te preocupes, que entre mis muchas manías no se halla la homofobia... todavía”. Algo que le arrancó una risa. Comprendí sus precauciones. Pensé en las veces que se habría topado con un gesto torcido al confesar su homosexualidad. O con cosas peores. Pero no debió ver nada de eso en mi expresión, pues me abrió su corazón. Vive con F. un poco a remolque, pues es él quien quiere seguir con la relación. Pero R. está cansado. Dice que lo quiere mucho, pero que se siente muy controlado por él. R. es culo de mal asiento, su trabajo es irregular, más bien artístico, le dan picadas y se va a ejercerlo cuando le place y donde le place. F. es más tranquilo, trabaja administrando los negocios de su hermano y controla mucho a su compañero, del que le disgusta su movilidad. La vieja historia. Un corazón poco dado a arraigar junto a otro dado a la vida hogareña sin muchos sobresaltos.
Hay más cosas. A R. le gustaría con el tiempo adoptar un hijo, pero F. ya tiene uno biológico al que adora y no le hace gracia buscarle un hermanito. La familia de F. lo obligó a casarse con una que no hacía muchas preguntas. De hecho, cuando R. apareció en su vida, dejo pasar y dejo hacer, a cambio de la estabilidad burguesa de sentirse casada. F. intento “heterosexualizarse” al principio de su matrimonio, pero pronto comprendió que era imposible. Sin embargo, nació su hijo.
O sea, que homosexuales y heterosexuales comparten lo mismo. El amor que no encuentra un proyecto común, el cansancio, la rutina, el desgaste del tiempo. Los pequeños egoísmos que nos hacen vivir pero que no tienen porque encontrar alguien que los comparta. Así se lo hice saber. Quería que pensase que al final, independientemente del sexo de la persona que comparte tu cama y tu vida, todos estamos en el mismo barco emocional.
Y al acabar la confesión, me sentí algo mal. No por saber que había compartido un fin de semana –y aún quedaba un día entero- con un homosexual, sino porque lo había forzado a disimular. La noche anterior a la hamburguesería vimos a una argentina muy atractiva, en el marco de las actividades que nos habían llevado a esa ciudad. Le dije que iba a intentar traerme su trabajo a la nuestra sólo para que viniese ella. Lo que motivó por su parte algunos comentarios en plan machito. Por supuesto, lo mío fue absolutamente por desconocimiento, pero el haberle puesto en el brete no me hizo gracia. De nuevo pensé en los gestos torcidos.
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De nuevo un placer leer lo que escribe, Monsieur.
Parece que la cáscara de progresismo que tanta gente tiene no llega a cubrir del todo el rechazo a los homosexuales. Si no, esa incitación al disimulo (llegando a extremos de obligar a alguien a casarse para disimular) no existiría.
Veo, por otra parte, que los problemas de una pareja son, al fin y al cabo, siempre los mismos. Independientemente de.
Qué compleja es el alma humana. Creo que desisto de intentar comprenderla. No estoy en mi mejor momento de clarividencia, por otra parte.
Comentario de Microalgo hace 3 años y 45 meses
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Últimamente me costaba entrar en los blogs de bitacorae y, a veces, cuando por fin entraba, no podía comentar. Ahora parece que… ¡¡¡¡Vuelve a funcionar!!!! ¿Habéis echado 3 en 1?
Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 45 meses
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Si, a ver si de una p... vez se estabiliza el servidor y llega la normalidad.
Comentario de M.J. hace 3 años y 45 meses
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Me lo he pensado mucho y no lo quería decir porque me pueden llamar de todo, pero allá voy: ¿no son más homófobos los que viven en el armario que aquellos a quienes ellos tachan de homófobos?
Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 44 meses
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No entiendo ese razonamiento, mi buñuelana comentarista. ¿Son más homófobos porque no aceptan su homosexualidad y siguen una vida heterosexual en muchos casos?. Teniendo en cuenta lo mal visto que ha estado –y está- la homosexualidad, lo de estar en el armario más que una autonegación era una táctica de supervivencia, como demuestra la historia de F. y su forzado matrimonio. No confundamos la debilidad con el autodesprecio.
Comentario de M.J. hace 3 años y 44 meses
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Y, ¿por qué siguen juntas las parejas? En la mayor parte de los casos, no es por amor. Y no me refiero sólo al subidón hormonal del enamoramiento: a veces ni siquiera están presentes el cariño o la empatía. Muchos casos es, justo por eso, por pena. O por solidaridad. O por miedo. O por inercia. O por intereses del todo pedestres. Pero siempre escuece descubrirlo, ¿verdad?
Comentario de hermanastra hace 3 años y 44 meses
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Disiento. Otras veces la gente se quiere durante muuuuchos años.
Comentario de Microalgo hace 3 años y 44 meses