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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

La publicidad y Monsieur Jacobine

Ya les conté lo que me pasó con el folleto “Paso a la transformación” (véase infra), publicidad que me llegó por correo ofreciéndome cursos de autoayuda para millonarios tipo Chill Out. Pero más inverosímil es lo que me ocurrió el otro día en una visita de varios días a Wintertown, aunque las fechas la hacen ciertamente más town que winter. Los nativos de allí y los que vayan con cierta frecuencia sabrán que en sus calles más céntricas se colocan repartidores de propaganda de todo tipo. Abundan los sitios baratos para comer en los folletos y cosas más exóticas, como tarotistas o expertos en vudú que ofrecen romper maleficios... o hacerlos. Más peligrosa es la de esos sujetos que a ciertas horas nocturnas se ponen en la Gran Vía con propaganda de clubs de striptease que plenos de tácticas comerciales agresivas te cogen de la mano para arrastrarte al interior de esos antros de perdición. “Chicas muy guapas” me dijo uno, “tienen el pubis depilado”, me dijo otro. Y uno no sabía que admirar más, el borderío en sí o que usase el elegante término de “pubis” en vez de otros peores.

En fin, uno puede pasar porque le manden cursos New Age, porque le intenten llevar a un local económico para comer –eso puede ser hasta agradecido-, porque le den opción a hundir a un enemigo mediante yuyús o incluso porque le tomen por uno de esos provincianos que van a Wintertown a desfogarse previo pago. Pero lo que ya es chocante es que en uno de esos folletos que me endosaron creo en la Plaza del Callao se me ofrecía ayuda para regularizar mi situación si era un inmigrante ilegal. Verán, no es que tenga nada contra todos los que han venido al universo neocon esperando un futuro mejor y se encuentran limpiando las sobras de nuestra sobreabundancia, pero me pregunto que diablos vería en mi el repartidor para pensar que era un buen target para su negocio. En fin, no es que tenga un aspecto muy nórdico, pero creo que difícilmente se me puede tomar por un colombiano o un marroquí. ¿Tanto aspecto de desesperación tengo?. ¿O el tipo tenía ganas de acabar su jornada repartidora y endosaba los papeles al primero que pasaba?.

Así que ya saben para que me requiere la publicidad: para cursos de autoayuda, para ver chicas guapas de pubis depilados y para regularizar mi situación de inmigrante ilegal. Tanto presión sobre mi ego, mi soledad sexual y mi inestabilidad como ciudadano de mi país empieza a afectarme, no crean. ¿Qué diablos pasó con la inofensiva y entrañable publicidad sobre cursos de mecanografía?.

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Comentarios

  1. Su comentario, como suele suceder habitualmente, no me deja indiferente. Y puede deberse en ese caso a que toca vd. el tema para mi tan familiar de la publicidad, los target y las estrategias de lavado de cerebro. Cosas de la vida, uno aúna en su persona un profundo sentimiento anticonsumista {tapas y cervezas aparte} y una profesión que le obliga a ejercer de diablo del abogado.

    En una sociedad de por sí agresiva, la publicidad no podía menos que estar a la altura. En su pugna por la cuota de mercado llegaremos a ver felaciones de promoción a la puerta de los locales atrevidos en un futuro Blade Runico, por supuesto todo virtual, que sanidad estará al acecho...

    Mi teoría respecto a tomarlo a vd. por objeto de las atenciones de estos sujetos que te asaltan a punta de folleto, es que cabe dos opciones, o bien le vieron a vd. cara no de boliviano, pero sí de argentino, venezolano o chileno, {pregunta a propósito ¿llevaba vd. jersey a rayas?}, los más europeos de aspecto o al menos los que más exterminada y controlada tienen a su población indígena; o bien, en un arrebato de denuncia o mala leche, lo tomaron a vd. por un potencial empresario explotador de mano de obra exótica, o más aún no hubo tal provocación sino muy al contrario, y dado que las leyes que ofrecen sendas recompensas de regulación a los denunciantes de estos desaprensivos empresarios están a punto de caramelo, le ofrecen lavar su imagen o precipitar ellos de buenas lo que puede venirles de malas.

    Por cierto, no me gustaría caer de nuevo en mi tradicional paternalismo, pero en la gran ciudad no me extrañaría se hiciesen pasar malandrines de todo cuño bajo la apariencia de inofensivos repartidores de felicidad empapelada: prudencia.

    ...
    TRISKEL

    Comentario de TRISKEL hace 3 años y 43 meses

  2. El que no haya necesitado en alguna ocasión ayuda psicológica que tire la primera piedra... Aque que en algún momento no haya necesitado compañia, que tire digamos la segunda... Hm... Lo malo es que cuando las soluciones a estas "circunstancias" pasan por el bolsillo no suelen ser efectivas... Y menos mal, por que la caja del ciudadano medio tampoco tendría capacidad para soportarlo... Pero déjenme pensar una alternativa y les contesto en unos minutos...

    Comentario de Teodoro W. Adorno g. hace 3 años y 43 meses

  3. Pues no sé qué decirle, Monsieur. A mí sólo me ofrecen comida. Me llamo Microalgo y soy un gordo. Me voy ahora mismo a terapia.

    Comentario de Microalgo hace 3 años y 43 meses

  4. Sus minutos se me están haciendo eternos, Adorno. ¿Será que no existe tal alternativa?.

    Temo, trepo, tiemblo.

    ...
    TRISKEL

    Comentario de TRISKEL hace 3 años y 43 meses

  5. Podría ser... Pero también pudierele tratrase, amigo, de una invitación a que lo pensásemos cada uno en nuestra mismidad, que igual es la manera de que empezara a ser efectiva la solución... Lo que sí es seguro es que el ritmo de su última frase es espectacular.

    Comentario de Teodoro W. Adorno g. hace 3 años y 43 meses

  6. Pues verá, ciudadano Triskel. Iba con una cazadora verde muy molona que tengo desde hace poco y una camisa de rayas –no un jersey- más bien azuladas. Dudo mucho que con esas coloridas pintas me tomase el de los folletos por un neocon, cosa que por cierto me hundiría en la más profunda de las depresiones. Y como, insisto, no tengo aspecto de ilegal –no cometeré el error de poner una foto mía para hundir mi misterio- el enigma del repartidor y el target equivocado sigue abierto.

    Comentario de M.J. hace 3 años y 43 meses

  7. No sé qué aspecto tiene usted, pero por aquí hay inmigrantes rumanos y polacos. Si dice que no parece colombiano o marroquí (y doy por hecho que chino tampoco) a lo mejor pensaron que era del este. Aún así lo más probable es que le entregaran la publicidad sin fijarse. Están todo el día ahí plantados y ya tendrán el movimiento reflejo de mojar el pulgar y extender el antebrazo tan mecanizado que lo harán sin pensar. Son una especie de "spam" humano: igual que a mí me llegan anuncios de viagra al correo electrónico, a usted le ha caído ese papelito.

    Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 43 meses

  8. Pues podría recordar mi aspecto. Una vez coincidimos.

    Comentario de M.J. hace 3 años y 43 meses


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