Una historia borgiana
Monsieur Jacobine - 12-05-2006 00:31:33 | Categoria: Otros lo cuentan mejor
Más sobre mi estancia en Wintertown. En una comida alguien recordó una anécdota que paso ciertamente en mi pueblo y que yo ya sabía, pero había olvidado. Como mi grado de pedantería se ha agudizado con los años, recordé una de las historias de Borges que iba al pelo, demostrando los tópicos sobre la competencia de la inverosimilitud entre realidad y ficción.Empezaré por lo contado por el genio argentino, aunque creo recordar que es una de las narraciones árabes de Las mil y una noches que tanto gustaba recrear. En fin, me perdonaran la falta de rigor, pero es lo que pasa cuando uno escribe a vuelamemoria. Érase una vez que se era un hombre que vivía en Damasco (o puede que fuese en El Cairo) rico comerciante que se arruinó. Mientras vivía como un mendigo soñó con un edificio de El Cairo (o puede que fuese Damasco, que más da. Nos movemos en un territorio de ensueño, como esas viejas películas de Hollywood donde los decorados son todos iguales) que escondía en sus entrañas un tesoro. Pensando que era un mensaje de Alá, el hombre se encaminó a la ciudad que había soñado y buscó el edificio, pero no lo encontró. Un día se durmió en la calle y lo despertó la guardia preguntando quien era aquel vagabundo. El desdichado comerciante expuso el motivo de su venida y el capitán de los soldados empezó a reírse. Contó que él había soñado que en la ciudad de donde venía su prisionero había una casa con un gran patio, un pozo en el centro y una palmera junto a un banco, detrás del cual había enterrado un tesoro. Tras esta charla se mostró magnánimo y dejó ir al comerciante, que inmediatamente retornó a su antigua casa, que tenía un patio, un pozo en el centro y una palmera junto a un banco. Tras escarbar detrás de éste último encontró efectivamente un tesoro. Había vivido junto a él sin saberlo.
En mi pueblo, con un subsuelo lleno de restos fenicios, se encontró una vez un valioso sarcófago de esta civilización, que por su forma enterraba a un hombre. El arqueólogo que dirigió su estudio sabía que en alguna parte debía estar otro sarcófago femenino que lo complementaba, consagrando su vida a hallarlo. Murió sin conseguirlo. Tras su fallecimiento, se tiró el chalet donde vivía. Al escarbar en el solar se descubrió el sarcófago que buscó con tanto anhelo largos años. Había vivido encima de su obsesión sin saberlo.
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¿Eso es cierto? ¿Son sus fuentes fidedignas? Es que dos sarcófagos emparejados deberían estar entrerrados en localizaciones cercanas (incluso paralelas), o al menos en estratos arqueológicos parejos... Perdone, pero me huele a leyenda urbana, aunque no deja de intrigarme la cosa. ¿Hay alguna manera de confirmar esta historia, Usted que es periodista, Monsieur?
Hay veces que la alrama mental del camelo evidente salta más rápidamente. Cuando yo comía en la Facultad de Ciencias, en nuestra mesa (llenita de químicos) había una chica, llamada C., que contaba historias imposibles.
C: "Pues un día mi tío estaba en el campo, le entraron ganas de mear, metió la picha en un agujero de un muro, le picó un bicho y luego no la podía sacar".
Micoralgo: "Estooo... C., perdona, pero esa historia no se sostiene. Primero, cuando uno mea en el campo, lo más probable es que mee CONTRA el muro, pero no que meta la cuca EN un agujero cuya profundidad y salubridad desconoce. Luego, que cualquier picotazo en zona tan sensible provoca una retirada de cadera -digamos que- refleja. Tercero, que por muy alérgico que sea uno, una hinchazón por un picotazo no es tan instantánea como para que..."
C. se enfadó conmigo. Cuando días después contó otra del mismo estilo se me escapó un "¿Pero eso es verdad, o que tú lo cuentas?". Desde entonces me puso la equis. La llevo con toda dignidad, por otra parte.Comentario de Microalgo hace 3 años y 43 meses
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Personalmente, cuando una historia es divertida o maravillosa por cualquier motivo no le pido además que sea fiel a la verdad... Por que acordará conmigo, señor Microalgo, que hay que ser muy shufla para interrumpir a un Pericón contando una de sus mentiras, que más merecen ser llamadas teatralizaciones de una mente imaginativa, por el baladí detalle de no ajustarse a la realidad. Si fuera historiador, todavía.
(Y aprovecho para darle públicamente las gracias por su gentil invitación del sábado)
Así que Monsieur, me gustaría quedarme con su versión. Por favor si alguien tiene indicios de lo contrario y quiere compartirlo aquí, le pido que me avise para taparme los oidos y repetir obsesivamente un "caracartusho que no t'escusho" hasta que acabe el cuentito.
Que tengan todos una buena semana.Comentario de Teodoro W. Adorno g. hace 3 años y 43 meses
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Estimado Microalgo. Creo sinceramente que últimamente frecuenta usted mucho la compañía de cierta compañera de trabajo conocida por su brutal lógica kantiana. Recuerde como le parecía absurda la escena de los Monthy Python en que un caballero medieval va seguido de su escudero haciendo el sonido del caballo con cocos porque en esa época, según ella, no había cocos en Europa. Yo también pensé que lo más probable es que los sarcófagos estuviesen juntos, con lo que se abren varias hipótesis. Igual era otro y no el que buscaba, igual sabía que el objeto de su busca podía estar debajo de su casa pero prefirió la comodidad doméstica a su amor por la arqueología o igual tiene usted razón y es una leyenda urbana. Pero cuando M.J. cuenta esta anécdota no juega a periodista o historiador, sino que la expone por su poder de sugestión, como muy bien ha captado el señor/a Adorno. Pero no se preocupe, a partir de ahora cuando cite algo histórico pondré fuentes, bibliografías y notas a pie de página.
Comentario de M.J. hace 3 años y 43 meses
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Que el Señor me ampare.
No me joda Monsieur. Acato también el consejo de Adorno. Los italianos (sobre todo de muy al Sur), ante una historia periconiana, se encogen de hombros y dicen "Se non e vero, e ben trovatto".
Su alusión a compañeras del trabajo que critican la aparicion de cocos en películas de los Python es una crueldad innecesaria, que me apresuro a sufrir sólo por abrir una linea masoquista en mi vida. Es una faceta poco visitada por este humilde investigador. Transcribo escalofrío: Brrrr.
Estoy en un ordenador robado. No puedo extenderme mucho. Ya me defenderé cuando tenga mis armas a punto (es decir, la conexión de red reestablecida).Comentario de Microalgo hace 3 años y 43 meses
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Pues eso mismo, ¿a quién le importa, digo yo, si la historia es cierta o no? ¿No forman parte de la realidad los sueños o los deseos? Lo único cierto es que es hermosa. Yo creo que siempre he conocido esa leyenda y, por eso mismo, desde siempre, al contemplar el sarcófago he imaginado a una Dama de Elche color leche que perseguía en sueños a un arqueólogo torpe y despistado y dejaba su casa sembrada de fíbulas y pestañas de bronce.
(Para aquel que sienta curiosidad, decir que los sarcófagos no eran contemporáneos, que sus momias jamás se acariciaron: hay setenta u ochenta años de diferencia entre uno y otra -como cualquiera que se acerque al Museo y achique un tanto los ojos puede deducir, por los detalles del labrado-).Comentario de hermanastra hace 3 años y 43 meses