Presentaciones literarias
Monsieur Jacobine - 15-05-2006 23:40:14 | Categoria: Escenas de la vida cotidiana
El otro día fui a una presentación literaria. No, no se me confundan. No suelo frecuentarlas. No soy una de estas moscas culturetas que se abonan a todo tipo de actos bibliófilo-festivos para figurar y demostrar al mundo su ligazón con la sabiduría. Digamos que era un compromiso. La semana pasada se celebró en mi pueblo la Feria del Libro, que ya se sabe tiene como adorno de lujo a escritores que presentan sus últimas obras, en ese anacrónico tipo de actos donde ellos explican al mundo los dolores del parto literario y suelen leer trozos de sus escritos, haciendo pensar la más de las veces en que un aborto a tiempo es una victoria. Para más recoña, la Feria de mi pueblo es modesta, no puede traerse a grandes escritores y cubre el expediente con cantera propia, ya que tuvimos un glorioso pasado cultural, hoy transmutado en Carnaval, semanasanteo y ascensos y descensos de nuestro equipo de fútbol, que ha dejado como secuela una estela de escritores locales que tienen su escaparate en estos días de mayo. No se crean que publican salvo excepciones en editoriales nacionales, sino que la administración local y provincial tiene sus líneas de edición para dar salida a tanto genio de café. Eso sí, suele traerse como fin de fiesta o como inicio –pues la Feria tiene un pregonero, como si fuese el quinario de una Virgen, que cosa más rara- al gran Arturito, enamorado de nuestro pueblo donde ha ambientado ya varias novelas y se han rodado o se rodarán varias adaptaciones de las mismas. Una de ellas ha conseguido que Aragorn deje el trono de Tierra Media para enfundarse en la piel de un capitán de los tercios hispanos en la época de decadencia de los Austrias. En fin, Arturito nunca defrauda, sus tacos insólitos en tan joven académico y su estudiada pose de estuve-en-mil-guerras-y-he-visto-de-todo le garantizan un público fiel.Pero Arturito no era el protagonista de la presentación a la que yo fui, ya que era más modesta. Debutaban tres neófitos en esto de publicar libros, pero mi compromiso me vinculaba al último de ellos, que sacaba un volumen de relatos. Antes de su turno intervenían una poetisa y un poeta. El motivo de esta trinidad que nada tiene que ver con el blog hermanastro es que se trataba de los libros que sacaba este año una entidad pública, y prefirió concentrar a sus cachorros de una tacada, alargando el acto más allá de lo previsible. En fin, resumiré diciendo que mi compromiso fue lo mejor, tuvo un presentador entonado, ella estuvo emocionada y en vez de torturarnos con la lectura de uno de sus relatos (no es que sean malos, los estoy leyendo ahora y son bastante potables. Pero después de hora y cuarto de tedio que ahora desglosaré nadie resiste otra lectura pública por muy bueno que sea el material de base) se lo cedió a una cuantacuentos que lo dramatizó estupendamente pero no contó el desenlace, emplazándonos astutamente a comprar el libro.
Pero eso fue al final. Los poetas que precedieron a mi compromiso resultaron plúmbeos. Tal vez eran conscientes de que su libro iba a ser ópera prima y última y aprovecharon al máximo la plataforma. La primera era una tipa curiosa. Es del norte del país, estuvo un año viviendo en mi pueblo y tras eso se volvió por donde había venido. Pero los 12 meses de estancia sirvieron para que la institución pública y el tipo que en ella parte y reparte las publicaciones acogiesen su debut poético. La presentó una soporífera profesora de universidad que espero nunca de clase a mis hipotéticos hijos, con una intervención larga y pedante llena de citas literarias malmetidas con calzador. La poetisa no había nacido para esto de los actos públicos. Era tímida, de voz lánguida y su discurso era inconexo, como si le costase. Tal vez un ejemplo de la escritora modelo Jane Austen, delicada en su mundo interior frente a los compromisos de las actuales sociedades mediáticas. Eso no fue óbice para que la tipa se tirase su buena media hora desgranando sus poemas en un contradictorio acto promocional. Si ya leía ella sus poemas, quien diablos iba a comprar el libro, pero ya se sabe que la fe de los versificadores en la comercialidad de su producto es nula. Los poemas no eran gran cosa, pero ella disfrutó, tan delicada, tan tímida, restregándonoslos por nuestros oídos, que mayoritariamente, todo hay que decirlo, habían acudido a ver a la tercera participante, y a los que todo aquello no interesaba nada. Eso sí, sus poemas no dejaban de ser chocantes con la personalidad que estaba exhibiendo, pues tenían un contenido violento con gran presencia de armas en ellos. Tras ella, le tocó el turno a un poeta de la sierra de la provincia donde vivo. Lo mejor fue ver como cambiaba su ceceante acento original por uno mas standard cada vez que atacaba una de sus composiciones. Como se ve el acto era propicio para todos aquellos que critican el papel del estado en la industria cultural con la excusa de que sólo sirve para enchufar a los amiguetes y para aquellos que pensamos en la sobrevaloración de la poesía como índice de sensibilidad humano.
Tras la presentación, los autores departieron amablemente con el público y allí estaba la primera poetisa parapetada tras una tímida sonrisa. Visto lo visto, era una personalidad de las que uno se imagina muy adecuada para esto de las palabras rimadas, sean en consonante o en libre, pero a la mañana siguiente tuve una revelación sobre ella que me tumbó todos los esquemas. Mientras desayunaba con una persona muy metida en la gestión cultural de mi pueblo, me contó la verdadera historia de la poetisa lánguida. Resulta que se hizo amante de un novelista de moda, que acabó dejando a la mujer por ella. El hombre movió sus contactos y la colocó en la universidad local. La relación se acabó y ella se volvió a su tierra, perdido su protector. Pero el motivo de la ruptura fue que ella le pegaba a él, como suena. El hombre se hizo más de un parte de lesiones.
Una imagen se abrió en mi mente tras esta revelación. La poetisa Jekyll y la amante Hyde. Como el policía de Sospechosos habituales, empecé a unir cabos. Ahora sabía el porqué de tanta arma en sus poemas. No era sensibilidad literaria, sino la punta del iceberg de una personalidad violenta. Que quieren que les diga, un cierto escalofrío recorrió mi espalda. La poesía es un arma de futuro dijo no se quien ahora, pero la verdadera arma se lleva en las almas de los que la escriben. Recordé aquel rostro, aquella languidez recitadora, y me la intenté imaginar en su intimidad tirando por los aires sus apuntes literarios y sus libros de J.R. Jiménez y trasmutándose en un monstruo chillando y pegando, entrando en el universo del género negro y dejando el de los sonetos.
Soy de los que piensa que muchos de los poetas son unos morros que usan la plusvalía intelectual que conserva este género literario para dárselas de algo o ligar en las tertulias, pero el choque entre los dos rostros de la poetisa de la presentación ha conseguido cambiar mi percepción del tema. A partir de ahora tendré más respeto por todos los que se ponen a recitar reflejos en ojos y demás parafernalia con voz de Fernando Fernán-Gómez diciendo aquello de “señoritoooo”. Les aconsejo vivamente que hagan lo mismo, pues ya ven, tras tanta sensibilidad puede esconderse Poetican Psycho.
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Dios mío, por lo que leo, el futuro está en fundar un lazareto para literatos oligofrénicos.
Comentario de hermanastra hace 3 años y 43 meses
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¿Le ha contado Monsieur a la Cuentacuentos en cuestión eso mismo que nos dice a nosotros? No me cabe duda de que le haría gran ilusión (habida cuenta, además, de que Monsieur goza de enormes crédito y estima por parte de esa Dama). Si no, alégrele el día.
Comentario de Microalgo hace 3 años y 43 meses