La filosofía de Mister Wilder: anécdotas
Monsieur Jacobine - 22-06-2006 01:08:10 | Categoria: Cinefilias y cinefobias

Sic transit gloria mundi
Cuando Wilder tenía 10 años, asistió en las calles de Viena al glorioso entierro del emperador Francisco José, el de las películas de Sissi. Tras sus amores con Romy Schneider el monarca dejaba este mundo con su país sumido en el caos de la I Guerra Mundial. En el cortejo fúnebre, que prácticamente fue el último esplendor de la corte vienesa, figuraba un niño que impresionó vivamente al futuro cineasta. Era Otto de Habsburgo, de 8 años, hijo del nuevo emperador Carlos y heredero al trono. Llevaba un molón uniforme de húsar y un casco con plumas blancas. A Billy le pareció en ese momento el futuro del mundo dado su regio destino y lo envidió y lo admiró. Dos años después de esta visión la monarquía austriaca caía para siempre.
25 años después de estos sucesos Wilder era un cotizado guionista en Hollywood que estaba a punto de dar el salto a la dirección. Entonces recibió el encargo de llevar de visita turística por los estudios a un compatriota. Era un hombre de mediana edad vestido con un traje gris de no mucha calidad. Resultó ser Otto de Habsburgo, el niño que Billy pensó era el futuro del mundo. Se hallaba en Estados Unidos dando conferencias en universidades de segunda fila para sobrevivir y mantener su causa algo moribunda. Su única obsesión era que su nuevo amigo hiciese una película sobre la vieja monarquía austriaca. “Había querido visitar una fábrica de sueños porque cada cual tiene sus sueños”, dijo después Wilder sobre su visita.
Avatares de un guionista
Billy fue uno de los guionistas de la obra maestra de Lubitsch Ninotchka. La película tuvo uno de los preestrenos propios de la época, donde el público opinaba sobre ella en unas tarjetas que servían de orientación a sus responsables para hacer cambios o comprobar la efectividad de la propuesta. Wilder jura y perjura que en una de ellas decía: “Me he reído tanto que me he meado en la mano de mi novia.”.
En 1941 Wilder y Charles Brackett, que sería su compinche en sus primeros filmes como director, escribían para Mitchell Leisen el melodrama Si no amaneciera, sobre un grupo de refugiados que esperaban en la frontera de México poder entrar en Estados Unidos, enfrentándose a la burocracia. Se les ocurrió una escena donde el protagonista, Charles Boyer, estaba en su habitación desesperado y ve una cucaracha que camina por la pared. Empieza a pararla con un bastón mientras habla con ella como los funcionarios fronterizos. “¿Dónde va usted?. ¿Tiene pasaporte?. ¿Tiene alguien que lo avale en Estados Unidos?”. Los guionistas estaban orgullosos de la escena, pero Boyer la rechazó de plano aduciendo que era absurdo que una estrella como él se pusiera a hablar con una cucaracha. Irritados por ese desplante, Wilder & Brackett, que escribían el film a medida que se rodaba, empezaron a darle más papel a la protagonista femenina, Olivia de Havilland, dejando al margen a Boyer, que desaparece en el tramo final del film. La actriz ganó el Oscar ese año, quien sabe si porque su paternaire masculino no consentía en hablar con insectos.
Génesis de obras maestras
En 1948 Billy Wilder estaba con Samuel Goldwyn, uno de los grandes productores de Hollywood, cenando en un selecto local. En plena velada apareció David W. Griffith, el gran patriarca del cine americano, el autor de El nacimiento de una nación e Intolerancia, en aquella época completamente olvidado y marginado por la misma industria que él ayudó a crear. Griffith estaba borracho y empezó a insultar a Goldwyn, otro de los pioneros de Hollywood, acusándole de haberle robado su trabajo y el puesto que consideraba le correspondía. El iracundo cineasta murió poco después de ese desagradable encuentro. A la vez, Wilder empezó a trabajar en su nuevo guión, llamado El crepúsculo de los dioses, sobre una olvidada estrella del cine mudo atrapada en su pasado y que sueña con una nueva oportunidad.
Billy Wilder vio Breve encuentro, el clásico melodrama de David Lean de 1945 sobre dos personas casadas que se conocen en una estación de cercanías y viven un imposible amor. En una de las escenas, ambos van a casa de un amigo del hombre que les deja su piso mientras él se va por ahí quitándose de en medio. A Wilder le chocó este personaje que no duda en dejar su casa para encuentros amorosos clandestinos sin poner muchas pegas. Este tipo le rondó 15 años en la cabeza, hasta transmutarse de forma gloriosa en el Jack Lemmon de El apartamento.
Primer empleo
A los 19 años Billy decidió hacerse periodista en su Viena natal, en una época donde no había aún licenciaturas en Ciencias de la Información. Probó suerte en el Stunde, un periódico sensacionalista. Años más tarde, nuestro personaje lo definió como “Un periódico cuyo contenido intelectual no es más que una burlona tapadera para el bandolerismo y para convertir en opinión pública algunos chistes ingeniosos”. Pero en ese momento parecía una buena opción para empezar. Una tarde se acercó a la redacción y la encontró desierta. Sólo estaban las limpiadoras. Le preguntó a una de ellas quien le dijo malévolamente “Pruebe en el piso de arriba”. Billy subió las escaleras y se encontró con un despacho. Tras llamar varias veces abrió la puerta. Se topó con un sujeto en plena faena sexual con una chica en un sofá. “¿Qué desea usted?”, preguntó el hombre tras componerse y mandar a la chica a un despacho adjunto. “Busco empleo aquí”. “Joven, tiene suerte de que me haya quedado a trabajar hasta tarde hoy”. Wilder tuvo una réplica que apuntaba ya sus maneras de madurez “Y yo tengo suerte de ser la persona adecuada y haber entrado en el momento adecuado”. Billy fichó ese mismo día en la redacción.
Otto Preminger
A pesar de ser un judío austriaco como Billy, el director Otto Preminger se ganó fama de oficial prusiano por sus duros métodos de trabajo en Hollywood. Wilder le dio humorísticamente el papel del comandante del campo de prisioneros de Traidor en el infierno. Poco después de este film, Preminger rodaba una versión de la ópera de Gershwin Porgy and Bess para el productor Samuel Goldwyn hasta que entre ambos caracteres de hierro surgió una disputa insalvable. Como ninguno de estos legendarios cabezones cedía, Goldwyn llamó de árbitro a Billy. Éste, tras escuchar los argumentos se volvió al productor. “Lo siento, Sam, no querrás que me ponga en contra de Otto. Recuerda que aún tengo familia en Alemania”.
Cenas de protocolo
Fernando Trueba recuerda que el año en que ganó el Oscar por Belle Epoque hubo una cena de los cinco directores de las películas nominadas en la categoría de Lengua no Inglesa con homólogos americanos, entre ellos Wilder. Todos los hollywoodenses, excepto un circunspecto Billy, se pasaron la velada elogiando a sus compañeros por la libertad de que gozaban en sus países para rodar lo que querían sin las cortapisas que imponía la industria americana. Tras un rato así Wilder rompió su silencio y preguntó a sus invitados cuanto ganaban por película. Tras decirlo, los estupefactos americanos cambiaron de tema al momento.
Tomaduras de pelo
A Billy le gustaba tomarle el pelo a su amigo Samuel Goldwyn, burlándose de su peseterismo y de su completa falta de cultura. Sus pullas favoritas consistían en proponerle proyectos inverosímiles que dejaban en evidencia al productor. La más gloriosa es la siguiente.
Un día Wilder entra en el despacho de Goldwyn.
- Sam tengo un proyecto que te va a encantar
- ¿Ah, sí?. ¿En que consiste?
- Una película sobre Nijinsky
- ¿Nijinsky? ¿Quién es ese?
- El bailarín
- Ah, Billy, quieres que haga un musical
- No exactamente, Nijinsky era bailarín clásico
- Ufff, Billy, danza clásica, eso no funciona en taquilla
- Que va, es una historia de superación. Nijinsky era hijo de campesinos pobres y aún así luchó para conseguir su sueño.
- Ummm, ¿y fue importante?
- ¿Qué si fue importante?. Diaghilev mismo lo fichó para sus ballets rusos cuando lo vio. Claro que también se había enamorado de él.
- ¿Pero Diaghilev era una mujer?
- No, un hombre
- Pero Billy, estas loco, ¿quieres que haga una película de maricas?
- Sam, te digo que Nijinsky fue importante. Rompió moldes. Bailaba desnudo en escena.
- ¿Desnudo?. ¿Quieres que la legión de la decencia me linche o qué?
- Y una vez se masturbó en escena mientras bailaba
- ¿Pero que quieres?. ¿Qué me echen del negocio?. ¿Has pensado en los estados del Sur?
- Pero si te preocupa lo de la homosexualidad, se arregla, pues luego conoció a una bailarina y se casó con ella. Claro que Diaghilev se enfureció y amenazó con destruir a Nijinsky.
- Una pelea de maricas. Pero Billy, soy padre de familia, entiéndelo.
- Tanta tensión volvió loco a Nijinsky, que acabó creyéndose que era un caballo y tuvieron que internarlo. En un manicomio, no en un establo, claro.
- Billy, no se como te atreves a entrar en este despacho y ofrecerme esta mierda
- Tranquilo Sam, se me ha ocurrido un final feliz que hará que el público salga satisfecho tras tanto drama.
- ¿Ah.sí? ¿Cuál?
- Creyéndose caballo Nijinsky corre el Derby de Kentucky y lo gana.
Según parece, tras esta revelación final Billy Wilder tuvo que salir del despacho perseguido por un cenicero.
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Comentarios
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Me quito la calota craneal en su honor. En el de Wilder por supuesto y en el de Monsieur por traernos tan descacharrantes anécdotas y dichos. Gracias por los buenos momentos.
Comentario de Profesor Franz hace 3 años y 42 meses
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Ooff. Fantásticos posts, Monsieur. Los recortaré y los pegaré con los artículos de mi añorado Félix J. Palma.
Quién tuviera la mente de liebre de ese hombre, por cierto.Comentario de Microalgo hace 3 años y 42 meses
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Qué buen momento. Me he relamido a gusto, Monsieur. ¿Será cuestión de óptica? ¿Tendrá uno que comprarse unas gafas así de grandes para sacarle los colores al mundo?
Comentario de hermanastra hace 3 años y 42 meses
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El tío, además de ser genial en muchas facetas también casi lo era en la adivinación... cuando le preguntaron sobre como querría que fuese su muerte contestó algo así como "a los 96 años y asesinado de un disparo por la espalda por el marido de mi amante mientras me escapaba por la ventana".
En lo del amante y el disparo se equivocó, pero la edad no la clavó por apenas un año.Comentario de carrascus replicante hace 3 años y 42 meses
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Gracias por su apoyo, pero en este caso me he limitado ser testaferro de uno cuyo talento hace que no sea digno de desatarle las suelas de los zapatos. Ya que les ha gustado les daré un bonus track que oí el sábado en La noche temática dedicada a Wilder. "Los austríacos son unos genios. Han conseguido que todos crean que Beethoven es austríaco y Hitler alemán".
En honor a la verdad, este año se cumple el centenario de bastantes directores ilustres, caso de Rosellini, Visconti, Huston, Anthony Mann, Jacques Becker, Carol Reed o el propio Preminger. Las filmotecas no van a dar abasto montando ciclos homenaje.
Hermanastra, no estoy seguro sobre lo de las gafas, pero si que un cierto cinismo viendo la comedia humana es necesario para la supervivencia.Comentario de M.J. hace 3 años y 42 meses
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Muy buena colección de anécdotas, me ha encantado, especialmente la del caballo :D
Comentario de Lou Rouge hace 3 años y 41 meses
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Me alegra ver que anda por aquí, Mademoiselle Rouge. Un abrazo.
Comentario de Microalgo hace 3 años y 41 meses
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Pues sí, Seña Lou, que bien que aparezca usted por aquí y que mal que lo haga tan poco...
Comentario de M.J. hace 3 años y 41 meses