El león enamorado
Monsieur Jacobine - 17-08-2006 10:52:49 | Categoria: Otros lo cuentan mejor
El otro día, buscando documentación para mis historias festivaleras, me encontré en el diccionario de cine que Fernando Trueba publicó hace unos diez años con una vieja historia que al director madrileño le gustó mucho cuando se la topó en un periódico en un lejano 1979. Tanto que meses después hizo su primer corto con ella. Como a M.J. también le gusta mucho, no puede por menos que compartirla con ustedes. Aunque dado el mes de agosto y su dispersión propia, seguramente la leerán casi todos en septiembre.Durante la Segunda Guerra Mundial había un hospital militar en Palestina. Los médicos eran hindúes y las enfermeras inglesas. Uno de los galenos se enamoró de una de las chicas de la cruz roja, pero ella le rechazó por motivos estéticos. El doctor era sikh y como tal llevaba a una poblada barba. Ella le dijo que no le gustaba nada tanto pelo, pero el médico se negaba a afeitarse, aduciendo que iba en contra de su religión. Parecía que el romance no tenía futuro, pero el sikh, enamorado hasta las trancas, decidió seguir las exigencias de la enfermera y se rasuró. Cuando ella lo vio le rechazó diciendo que no tenía principios ni respetaba su tradición. Deshonrado para su religión y para el amor, el desventurado médico se fue esa noche a emborracharse a un club y allí se encontró con un amigo. Éste, tras oír las cuitas del sikh le contó una vieja fábula de Esopo.
Érase una vez que se era un león que se enamoró de una chica y se presentó declarando sus intenciones. Pero ella le dijo que con esa melena, esas garras y esos colmillos no había nada que hacer. Enfermo de amor, el rey de la selva, aunque en este caso transterrado a la antigua Grecia, se quitó todo lo que sobraba para su romance. Al día siguiente se presentó ante su chica desmelenado, descolmillado y desgarrado, en varios sentidos del término. Ella se río en su cara. “Ya no te puedo querer”. “¿Porqué?”. “Ayer al menos eras un león, hoy no eres nada”.
“Ay, amigo”, suspiró el rasurado sikh tras oír la fábula, “Esta historia lleva escrita 24 siglos y tu me la cuentas con 24 horas de retraso”.
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En fin. Moralejas varias.
¿Aprenderemos alguna vez los hombres (me refiero al género masculino) a entonar ese hermoso cántico llamado "PO QUE TE VAYAN DANDO, NIÑATA"?
Hermosa y triste historia la de este post. Recomendamos crecepelo para el buen y honrado (aunque un tanto decimonónico) Sikh. Eso y leer mucho a don Enrique Jardiel Poncela, autor muy olvidado. Injustamente.Comentario de Microalgo hace 3 años y 40 meses
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la misoginia no es cura contra soledades
Comentario de Leya hace 3 años y 40 meses
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Pero ante una mujer dañina, un toquecito Poncela hace maravillas. ¿O no tiene mala uva la mujer que puteó a ese pobre indio? ¿O me va a decir Usted que toda la culpa es del propio Sikh, POR TONTO?
Pues para que no se quede esa cara de "comemierda", como dicen en Cuba, no hay nada como un toque de humor cínico y, sí, un pelín misógino. Pero sólo un pelín. Y tampoco hablaba de soledades, sino de desamores. No es lo mismo... exactamente.
En todo caso, supongo que sí coincido con Usted, Leya, en que sería injusto que el protagonista de esta historia decidiera que todas las mujeres pertenecen al género Carcharodon. Pero para llegar a esa conclusión, en el caso del Sikh, hace falta adoptar un ángulo de visión distinto del propio (como el del amigo que le cuenta el cuento... o como el del autor madrileño que mencionaba antes).Comentario de Microalgo hace 3 años y 40 meses
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Por cierto, ¿La misma Leya de "la voz de las Brujas"? Porque la Senadora del reventadísimo planeta Alderaán creo que era con "i" latina...
Comentario de Microalgo hace 3 años y 40 meses
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A pesar de la evidente misoginia de las dos historias, la de Esopo y la recuperada por Trueba, como apunta Leya –bienvenida a tan guerragaláctico o brujeril personaje, no me queda clara su ubicación-, puede haber una lectura más sutil. Tal vez el sikh y el león no supieron captar los mensajes que les daban sus amadas, usar su aspecto físico como excusa, y se empecinaron en lo que era imposible. Que un ortodoxo miembro de una combativa religión del subcontinente indio no tenía nada que hacer con una pija del Devonshire y una relación felino-humana era como inviable. Aunque muchas veces creemos que existe una ley por la que el mero hecho de entusiasmarnos por alguien nos da derecho a todo, sin analizar previamente el terreno y despreciando lo que opina la persona objeto de nuestros desvelos.
En este punto, y como ilustración de mi razonamiento, dejo la palabra a los clásicos, recuperando la historia de la pastora Marcela que figura en el Quijote. Al caballero de la Triste Figura se la cuentan unos cabreros que se encuentra en su peregrinar. La tal Marcela era una pastora de gran fermosura que atraía los hombres como moscas a la miel rechazándolos a todos, lo que le ha ganado triste fama entre los mozos de la comarca. Precisamente, Don Quijote llega a tiempo de asistir al entierro de Grisóstomo, que se ha suicidado por ella. Como comprenderán ustedes, tras esto a Marcela la llaman de todo menos bonita. Cuando Grisóstomo va a ser dado a la tierra, aparece la vilipendiada pastora ante el desprecio general y lanza un largo monólogo defensivo del que extraigo estos jugosos trozos:
(...)“Hízome el Cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis, decís y aún queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que lo hermoso es amable, mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama.”(...)”Según he oído yo decir, el verdadero amor no se divide y ha de ser voluntario y no forzoso.”(...) “A los que he enamorado con la vista los he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo dado yo ninguna a Grisóstomo, ni a otro alguno, en fin, de ninguno dellos, bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad.”(...) “Quéjese el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas; confiese el que yo llamare; ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito.”
Moraleja: no será M.J. quien niegue la existencia de embacaudores sentimentales profesionales de ambos sexos. Pero antes que lanzar condenas, sería bueno analizar a veces si en vez de oro como pensamos haber visto lo que hay en verdad es quincallería.
Comentario de M.J. hace 3 años y 40 meses
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Monsieur Jacobine dixit. Como dicen los budistas Zen: "entiendo, Maestro, y me parece razonable".
Comentario de Microalgo hace 3 años y 40 meses
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Cierto M.J....muy cieto
Comentario de Sérilan hace 3 años y 39 meses
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Incluso esa lectura que da monsieur en el comentario es misógina, pues si bien es cierto que los hombres no suelen captar nunca ese tipo de indirectas, por directas que sean, resulta un tanto despreciativo hacia el género femenino decir que disimulamos con tal de quitarnos de encima a quien no nos gusta. Normalmente, las cosas se dicen claras, pero hay quien hace oídos sordos. Por otro lado, ella hacía bien en exigir un tipo de presencia física en él, pues no creo que el doctor se hubiera enamorado de ella por su personalidad, sino seguro que por su aspecto, y que con bigote tipo Frida Kahlo, probablemente no le gustaría. Muchas lecturas se pueden hacer. Y hasta admito que habrá muchas mujeres como la del cuento, pero no todas.
Comentario de lanavajaenelojo hace 3 años y 39 meses