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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

Hacienda serán todos

Esta mañana estuve en Hacienda arreglando papeles. Bueno, esto es casi redundante. Nadie se pasa por allí si no es para algo burocrático que a buen seguro repercute en los bolsillos del contribuyente. Mientras esperaba mi turno ante esa especie de parque funcionarial donde están los agentes tributarios, sentado como en una sala de espera de estación esperando la salida de tu número (A-38, mesa cinco. G-15, mesa uno. L-12, mesa diez) oí un ruido insólito para tan eximia dependencia administrativa: el inconfundible jaleo de un grupo de niños. ¿Alguna guardería para los sufridos contribuyentes que tengan que hacer cola?. No, era una excursión. Un grupo de estudiantes a las puertas de la pubertad bajaba por la escalera de los pisos superiores acompañados de su profesora. Todos llevaban un CD en la mano, indudable recuerdo de la visita.
Eso me dejo meditabundo. Igual había que ocupar el tiempo en algo, pues una vez más desoí los consejos de un buen amigo que defiende llevar siempre un libro encima para entretener estos parones vitales. El caso es que como todos los estudiantes de primaria y secundaria M.J. ha hecho excursiones. Las había de todo tipo. A museos, por supuesto. A otras ciudades. A un colegio de la orden religiosa donde hizo sus primeros estudios M.J. sito en un campo de la provincia a hacer ejercicios espirituales en las cuaresmas. Tal vez la más insólita fue una al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando. Curiosamente, el anfitrión no era un militar, sino un civil que defendía lo allí enterrado con la furia del converso. Tras oírle, daban ganas de enrolarse con Gravina en el Santísima Trinidad e irse a Trafalgar a pegar tiros contra los franceses. Pero no recuerdo ninguna a un sitio tan aparentemente tan prosaico como una Delegación de Hacienda.
A lo mejor es la decadencia de la enseñanza y ya no mola llevar a los canis a sitios culturales porque lo ponen todo perdido. Seguro que es el pragmatismo de nuestra sociedad. Chicos, no os llevaremos a museos, pues ninguno de vosotros va a ser un Sorolla y es perder el tiempo. En función de la productividad y de la optimización os llevaremos a ver como funciona el pulmón tributario del estado, pues de eso no os libraréis. Por aquí vais a pasar todos con vuestras declaraciones y vuestros modelos de impresos religiosamente pagados (que se note que es Hacienda, leñe) para tributar. Más vale que os vayáis haciendo a la idea.
Claro que igual es una maniobra más sutil por parte de los profesores. En un régimen neoliberal que hunde a lo público cada vez más, puede ser interesante que los alumnos vean el único órgano del estado que sigue inmune, como una rara avis de tiempos más intervencionistas. Los ejércitos, la investigación científica, la misma enseñanza, etc, cada vez tienen menos dinero, pero el monstruo de Hacienda sigue funcionando como un ente que se retroalimenta. Uno se pregunta si cada vez hay menos inversión pública para que hace falta recaudar tanto, pero ni los supertacañones creo puedan responderme. O una última posibilidad: del mismo modo que los ejercicios espirituales en medio del campo tenían el objetivo de ganar almas para Dios y la visita al Panteón de Marinos Ilustres me barrunto que pretendía crear algún futuro héroe de uniforme azul con anclas, puede que el objetivo de la excursión fuese desvelarle a los niños las bondades del funcionariado. Se les dio la opción de intuir que el futuro estaba en ser el ocupante de una de esas mesas (A-39, mesa dos) sin complicaciones. Ya que si intentan ser profesionales liberales, además de sufrir la precariedad laboral propia del siglo les van a freír a impuestos. Por eso no lo dudéis, muchachos, sed agentes tributarios o demás, sed uno de esos que atiende amablemente a los que van a ser sangrados en nombre de una solidaridad social que los mismos que van a sacarte los cuartos no van a practicar. Recordad que Josemari Aznar fue inspector de Hacienda antes de dedicarse a sacar a España del rincón de la Historia.
Entonces salió mi número (G-17, mesa seis), e interrumpí mis meditaciones sobre la exótica excursión. Eso sí, no sin antes preguntarme si en el CD que llevaban estaría todo lo elucubrado por mi mente en esos minutos.

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Comentarios

  1. Ejjem...

    Como Monsieur es Monsieur (un experto en ese tema en concreto), no creo que haya cometido el error de bulto de decir que en Trafalgar los españoles fueron "a pegarle tiros a los franceses". Más bien aprecio una sutil ironía, porque realmente ESO es lo que deberían haber hecho, aliándose con los ingleses, dada la cagada de dimensiones literalmente históricas que cometieron los mandos franceses en tan trascendental batalla. ¿Me equivoco?

    Comentario de Microalgo hace 3 años y 38 meses

  2. No imaginaba que unos maestros pudieran ser tan maquiavélicos! Cabe mejor venganza frente a esa Hacienda omnipotente e inalcanzable que llenarles toda una mañana la oficina de canis maleducados, sucios y ruidosos? La próxima semana, visita a las dependencias del Defensor del Menor.

    Comentario de Profesor Franz hace 3 años y 38 meses

  3. Genial: una implacable maquinaria de funcionarios que se nutre de ejércitos de canis lobotomizados. Aunque también serían dignos de temer, por ejemplo, dirigiendo El Prado... no sé yo qué me da más miedo

    Comentario de hermanastra hace 3 años y 38 meses

  4. No dé ideas, Profesor. Imagínese el poder que podrían tener los maestros de Enseñanzas Medias si descubrieran que basta la amenaza de llevar a su clase de excursión para conseguir lo que quieran de los posibles visitados. De ahí a cobrar un canon mafioso por mantener a los alumnos en sus aulas hay un paso. Diminuto.

    Brrr. Repeluco.

    Comentario de Microalgo hace 3 años y 38 meses


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