Monsieur Jacobine y la estrellona del cine catalán
Monsieur Jacobine - 03-12-2006 17:08:23 | Categoria: Escenas de la vida cotidiana
Las aventuras de Monsieur Jacobine en los países catalanes II
Al día siguiente llegó el momento de que M:J. y sus compañeros de deliberación se ganasen el hospedaje que les ofrecía el Filmets de Badalona votando sus premios. A las diez y media de la mañana nos recogieron en el hotel a los tres que habíamos dormido allí y nos llevaron a la sala del jurado: un reservado en la parte alta de un restaurante donde se había instalado un DVD y un pantallón de plasma cosa fina. Lo curioso es que el local funcionaba aquel sábado, con lo que vimos las películas a la hora del almuerzo con el rumor de los que disfrutaban gastronómicamente del fin de semana bajo nuestros deliberantes pies. Fuimos un jurado como el de las pelis americanas, aislado del mundo hasta que no tuviésemos un veredicto. Sentados a lo largo de una mesa tipo boda familiar, comeríamos allí y todo.
Cuando los tres del hotel llegamos al restaurante ya nos esperaban el resto de los compañeros. Uno de ellos, Kai, venía de Málaga pero había preferido alojarse la noche del viernes en casa de unos amigos barceloneses. Era un cineasta alemán seducido por el profundo sur español que había decidido vivir allí un tiempo. O sea, otro guiri sorprendido por la extraña vitalidad de una zona que bien mirado tampoco tiene muchos motivos de reírse tanto. Los otros dos venían de la Ciudad Condal pues viven allí. Gustavo Suñer (es interesante retener el apellido para el desarrollo dramático de este post) es un venezolano que vive en Cataluña, decorador pero que el año pasado le dio por hacer un corto que ganó un premio en el Filmets, lo que le valió un pasaporte para ser jurado esta edición. Situación en que estaba también Kai y Kapwani, una de las que venía conmigo del hotel, cineasta canadiense de origen africano que vive en París, ganadores ambos en alguna de las varias categorías del Filmets 2005. Como se ve, el Festival recicla a sus triunfadores.
El trío del hotel se completaba con un curioso personaje, James T. Wilson. No se llama así, es un mallorquín de pro que se ha hecho un cierto nombre dirigiendo en digital películas de terror asumidamente cutres. En pocos años Wilson ha realizado una gran cantidad de títulos que lo atestiguan como el posible heredero del stajanovista fílmico Jesús Franco, con el que comparte la misma filosofía de serie B. El Filmets tiene una sección fantástica que lleva una asociación frikie llmada los Crypts, y ahí es donde Wilson se dio en conocer en Badalona. Pero no insistiré más en este sujeto de seudónimo poesco, pues igual un día de estos le dedico un post aparte. Y es que el protagonista del que tienen ustedes en pantalla es el sexto miembro del jurado (detalle par que no dejó de levantar inquietantes comentarios en algunos de nosotros, porque es un número terrible para los empates en las votaciones), la estrellona del cine catalán.
El Filmets tiene la filosofía de poner de presidente de su jurado a alguien destacado de la industria del país-comunidad (táchese lo que no proceda) del tripartito. Una forma de conseguir repercusión mediática en Cataluña. Este año le había tocado a él. Antiguo director teatral, en la Transición se pasó a reinventar el cine catalán, lo que le valió con el tiempo ser algo así como el cineasta oficial de la Generalitat. Algunos de los del festival me confirmaron este último punto, entre el desprecio juvenil a los apalancados y la envidia de los que nunca llegarían a su status. Tras unos comienzos prometedores la estrellona se pasó a dirigir terribles comedias algunas de ellas precursoras del humor grueso santiagoseguril. Pero tuvo la habilidad en los 90 de cambiar de registro, utilizar como guionistas a valores emergentes de la literatura en la lengua de Maragall (Joan, no Pasqual) tipo Sergí Belbel, Jordi Galcerán o Quim Monzó y conseguir la respetabilidad artística. En cualquier caso, un tipo interesante de conocer para mis actividades festivaleras, digno de figurar en la agenda de contactos. Así lo manifestó una de mis compañeras cuando el día antes le dije por teléfono quien era el presidente. Un estímulo más para mi incursión en Badalona.
A eso de las once y cuarto entramos en el restaurante-sala de jurado. Subimos las escaleras al reservado entre los camareros que preparaban todo para la previsible avalancha del sábado mediodía. Allí, como dije estaban ya la mitad del jurado que venía de Barcelona, entre ellos la estrellona. Nos fueron presentando. El director del Filmets me introdujo a nuestro presidente mediático con un “este es Jacobo Jacobine, del festival de Cádiz”. Me dio una mano blandenguemente protocolaria y murmuró un no menos rutinario “ah, que bien”, sin ningún entusiasmo. Le podían haber dicho que fui corneta de lord Wellington en la memorable jornada de Waterloo y seguramente hubiese dicho “ah, que bien” con la misma impasibilidad. Le hubiese comentado que algunas veces hemos pasado películas suyas, pero esa efusividad me cortó, que quieren que les diga. Tras esto, nos sentamos y el director del Filmets empezó a explicarnos las reglas, como un arbitro de boxeo antes del combate. La estrellona había pedido un cafetito antes de empezar y noté que lo cogía entre tres dedos extendiendo los otros dos, como un marquesón. Me dí cuenta de que la estrellona iba a ejercer de tal y que seguramente no nos iba a considerar en mucho a los restantes jurados. De hecho su presencia iba a marcar la jornada deliberante, pues se tenía que ir a media tarde a más tardar. Cuatro de los seis jurados veníamos de diversos sitios, pero él, que vivía al lado, presionaba para dar velocidad a la cosa. Ventajas de ser vos quien sois.
Teníamos que ver cuatro horas y cuarto de cortometrajes en cuatro categorías, y de ellos decidir los premios, en una sesión maratoniana con una pausa para comer allí mismo. La estrellona se sentó delante mía con lo que pude observarle discretamente de vez en cuando. Algo que también hacía él de forma bastante más descarada con todos nosotros. A veces sentías su mirada clavada en ti o lo pillabas haciendo lo propio con alguno de los presentes. Yo note varias cosas. Nunca tomaba notas y cuando había alguna escena de sexo o escatológica se reía francamente, como volviendo atrás en el tiempo a sus propias películas anteriores a la nueva ola de literatos catalanes. Uno, que es un determinista, cree que uno es siempre lo que es por mucho que se escude en Belbel y compañía. Entre los cambios de DVD no hablaba mucho. Se reservaba para el momento de la comida, donde demostró que le gusta dominar las conversaciones. Tal vez para airear su don de lenguas hablaba con Kapwani en inglés. Al saber que era canadiense le contaba lo bien que le había ido en el Festival de Montreal, donde ha ganado algunos premios. Quizás para estimularle el ego el director del Filmets le preguntó por su próximo proyecto. Cuando se enteró que Gustavo Suñer se llamaba así y era venezolano, replicó un “ah, yo conozco a un Suñer venezolano. Suñer es un apellido catalán. Es una historia muy curiosa, pues tras la Guerra Civil un grupo de catalanes muy pequeño pero muy selecto se exilió en Venezuela. Alguien debería contar esa historia”. No insistió en ver si su interlocutor tenía algo que ver con el exclusivo grupo de catalanes que se refugió allí de Franco y sus legionarios, le bastaba con haber dado su speech y tal vez abrirse a si mismo el camino a un posible futuro film.
Al acabar los visionados empezó el debate, marcado por la prisa de la estrellona. La verdad es que a pesar del material abundante estábamos más o menos de acuerdo. Nuestro mediático presidente supo llevar el tema conforme a su presionante reloj, a pesar de que demostró que la comida no le sirvió de nada a nivel social, pues volvió a preguntar por enésima vez quienes éramos los jurados. Aclarar que junto a nosotros había gente de la organización. Tuve un breve enfrentamiento con él, cuando defendió un corto llamado Vagabond Shoes por su clasicismo. Yo dije que no me convencía porque prometía más de lo que daba en su inicio, y que me defraudaba que al final todo fuera un sueño del protagonista. Se puso algo borde replicándome que lo del sueño lo había visto hace poco al volver a revisitar La mujer del cuadro de Fritz Lang. Respondí a mi vez que por muy Lang que fuese me parecía un final fallido. Desgraciadamente, otro jurado intervino cambiando de tema y la posibilidad de un mano a mano Jacobine-estrellona se esfumó. En otro momento Kai y yo defendimos un corto inglés llamado Hibernation y él arrojó el bolígrafo irritado “¡Me he aburrido como una ostra! A los cinco minutos ya había desconectado”. Tras el veredicto final, nos hicimos una foto de grupo y se fue corriendo a su cita en Barcelona, despidiéndose mientras salía del reservado sin mirar a nadie diciendo “ha sido un placer conoceros a todos”, con la misma indiferencia con que horas antes me saludó con un “ah, que bien”. En mi bolsa, un catálogo de mi festival que iba a ser para él pero que al final regresó conmigo.
Sin embargo, M.J. es esencialmente un sujeto positivo, y no les gustaría dejarles con esa sensación de prepotencia que desprendía la estrellona y cerraré este extenso post –escribo poco, pero cuando me pongo, me pongo- con una bella cosa que dijo durante la comida. Por alguna razón sacó en la conversación a un hermano difunto ciego suyo que tenía. Contó que viajaba mucho e iba al cine. “Él contaba los viajes y las películas por lo que olía y escuchaba, dando un punto de vista insólito a lo que no veía”. Por desgracia, no siguió este estimulante camino narrativo en la maratoniana jornada del jurado.
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Estooo... disipe Usted las tinieblas de mi ignorancia extrema. ¿Quién es el gachó este?
Comentario de Microalgo hace 3 años y 36 meses
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A pesar de todas las precauciones tomadas por Monsieur para que el ínclito cineasta no localice este blog cuando, como suele ser costumbre entre gente tan ufana de sí misma, indague lo que la Red dice de él, ha cometido el error imperdonable de no cambiar el nombre de la imagen. Corrija el fallo, que aun está a tiempo antes de la próxima visita del robot del Google.
Comentario de Profesor Franz hace 3 años y 36 meses
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Gracias Herr Professor, creo lo he cambiado. El destino ha hecho que mire su comentario poco después de ser emitido, señal de que el destino ayuda a los programadores de festivales. Y de paso, tal vez el amigo Microalgo intuya el porqué de mi silencio, además del juego narrativo un tanto facilón. De todos modos, se puede utlizar una búsqueda en Google con los nombres de los literatos catalanes dichos en el post y algo de imaginación al hacer las combinaciones en el buscador para que salga el nombre deseado.
Comentario de M.J. hace 3 años y 36 meses