Prensa libre... y crédula
Monsieur Jacobine - 29-12-2006 17:56:43 | Categoria: Escenas de la vida cotidiana

Ayer fue el día de los inocentes, una curiosa manera de festejar lo que hoy sería indignada portada de todos los periódicos: la matanza de unos niños por parte de un monarca de opereta obsesionado con perder su poltrona. Precisamente, los medios de comunicación gustan de meter bromas en sus informaciones que vuelven paranoicos a todos sus usuarios cada 28 de diciembre. Por ejemplo, un incauto afirmaba que la noticia de que el Euríbor subía un 4% y encarecía las hipotecas 63 euros y medio era la inocentada del día. Como cuando a uno le dicen que un ser querido se ha muerto de sopetón, esta persona esperaba que la triste realidad fuese una broma. Sin embargo, esta costumbre burlona esta desapareciendo de los media. Hace mucho que El País las suprimió después que le colasen una trola como exclusiva y la publicase con todos los honores. El periódico en el que escribo también lleva unos años que no hace inocentadas. El ambiente allí dentro es demasiado triste como para tomárselo a broma. Pero algunos periodistas siguen con la costumbre. Ahora bien: ¿están ellos preparados para que se la jueguen?.
En la mañana del día de los inocentes la concejalía de Cultura de mi ciudad decidió dar un desayuno navideño a los plumillas (y microfonillas y camarillas) que cubren las actividades culturales de la ciudad. Yo fui en mi condición de Yojimbo. Es decir, hago críticas y artículos en el periódico de mi ciudad, el mismo del ambiente triste y a la vez trabajo en el festival de cine, con lo que yo cotizaba doble allí. La convocatoria anunciaba que aprovechando la concentración de periodistas se haría un anuncio sobre la adquisición de fondos para el proyectado Centro de Arte Contemporáneo. La jornada empezó con nuestro dilecto concejal recibiendo a la gente en la sala habilitada para el ágape en su misma puerta. Dentro, las mesas con diversos productos dulces y navideños, y los empleados del catering sirviendo cafés, chocolates y zumos de variados sabores y colores. Algunos de los técnicos municipales estaban también allí, en un acto de confraternización entre los que realizan gran parte de la cultura local y los que tienen que difundirla... o criticarla. Entre todos ellos el “híbrido”, como me definió alguien del bando municipal, que les cuenta esta historia, con lo que durante un momento me sentí como la Sigourney Weaver de la última entrega de Alien, mitad bicho, mitad humano. Todo transcurrió como es previsible en este tipo de actos, de forma cordial. Si había alguna rencilla, se enterró bajo el dickensiano espíritu de las Navidades presentes. Y entonces, llegó el momento en que el concejal tenía que anunciar la publicitada adquisición de fondos para el proyectado Centro de Arte Contemporáneo.
El concejal es profesor de secundaria, pero su principal arma ante el mundo y la política –que pueden llegar a confundirse- es su socarronería del pueblo donde nació. Antes de pasar a enseñar a adolescentes estuvo bastantes años en primaria, donde desarrolló el sexto sentido de los maestros cuando uno de sus alumnos le intenta dar coba. Ante sus técnicos es famoso a veces por lanzar su entrenada mirada de docente por encima de sus gafas de cerca y preguntar a bocajarro “¿No me estarás engañando, verdad?”, como si su interlocutor fuese un niño que justifica torpemente no haber hecho la tarea. De hecho, M.J. fue alumno suyo años ha. Pero es simpático, con un punto populista, y le encanta salir en los papeles. Causa por la que a la prensa le gusta y lo trata razonablemente bien. El día de los inocentes el concejal empezó su perorata con lo obvio. Gracias-a–todos-sin-vosotros-y-sin-vuestra-colaboración-todo-lo-que-hacemos-no-llegaría-a-la-sociedad-última-destinataria-de-nuestros-esfuerzos-etc-etc-etc. Luego, que por algo este inminente 2007 es año electoral derivó a todo lo que en este agonizante 2006 se había hecho en materia cultural y lo que quedaba por hacer, amén. Y llegó el momento. Su eficaz jefa de prensa, y compañera mía en lo del Festival le alargó un cuadrito.
Durante las populosas fiestas de carnaval, que ya se sabe que merced a un torturante concurso de agrupaciones que dura un mes –el único evento del mundo que no tiene preselección, a fe mía- son larguísimas, el periódico donde escribo saca un suplemento especial. Como aquí, donde vivo, hay to er arte y toa la grassia, el suplemento en cuestión tiene que contagiarse del espíritu de la capital de la risa y hacer sus morisquetas. Teniendo en cuenta el tétrico humor de los dirigentes del medio, es como hacer una fiesta de fin de año en el país de los zombies, pero bueno, se intenta. El carnaval pasado se les ocurrió sacar una sección que consistía en entrevistar a autoridades (entrevistas chirigoteras que desgraciadamente no llegaban a ser chiripitiflaúticas) ilustradas con una caricatura en las que aparecía su rostro encajado en un cuadro célebre (que arrrrte, pisha). El concejal que nos ocupa fue el primero. Su correspondiente versión paródica es la del cuadro de Fernando Botero que abre estas líneas. El rostro del personaje bailón fue sustituido por el suyo, milagros de las nuevas tecnologías. Obviamente, el concejal es un hombre orondo, lo que explica la gracieta. Pues bien, una reproducción de esa caricatura era la que se hallaba en el cuadrito que le pasaron. Y entonces suelta la noticia bomba: Merced al milagro del internet, el propio Fernando Botero ha visto la caricatura y se ha quedado prendando del rostro al que sustituía. Ha hecho sus indagaciones y ha acabado contactando con el ayuntamiento, con el resultado de que va a hacer una estatua del propio concejal que se colocará en el patio del proyectado CAC. Todo ello aderezado con la valoración de que un artista como Botero haga una obra exclusiva para la ciudad, etc.
Al principio, los periodistas que se hallaban allí cámaras, micrófonos y bolígrafos en ristre no se lo creían. “Hoy es 28, esto es una inocentada”. Pero el tío seguía impertérrito con datos y cifras de su futura efigie. La fortaleza de los periodistas empezó a flaquear. Sus ojos se desviaban a la figura de la gerente de la concejalía, situada cerca de su jefe, y de la citada jefa de prensa. Se buscaba la risa mal disimulada, el gesto medio descompuesto, el guiño cómplice que indicara “eh, tranquilos, se está quedando con el personal”. Pero estaban impertérritas. El concejal acabó con un “esto para que vean también de que vale su trabajo, pues a veces pensamos que lo que hacen ustedes se queda entre las cuatro paredes de la ciudad y no trasciende. Pues ahí tienen”. Cuando terminó, todos estaban convencidos del notición. Pocos preguntaron si era una broma en petit comité tras la comparecencia. Tras esto, se disolvió la reunión pero M.J. se quedó allí un rato más aprovechando para tratar un par de temas del festival. En las dependencias administrativas surgió el tema de la estatua. Y entonces, uno, que no estaba en la inteligencia del tema, vio las risas mal disimuladas, el gesto medio descompuesto y el guiño cómplice. Me tendieron un folio con una nota de prensa: “esto se mandará a los medios en una hora, pero tu no digas nada”. Decía que el ayuntamiento había decidido no dar luz verde a la estatua, y que su modelo estaba tan desconsolado iba a realizar una drástica cura de adelgazamiento. La fecha de la nota era un descomunal “a 28 de diciembre”, en negrita y subrayado.
Les aseguro que uno, que ve mucho teatro, no pudo por menos que admirarse de la magnífica representación que acababa de ver, sin duda alguna digna de cuatro estrellas en su crítica. Casualmente de allí tuve que dirigirme al periódico. El gallinero estaba un poco revuelto. La jefa de sección tenía alguna duda. Una de las redactoras se lo creía. La becaria de la sección, que no asistió al desayuno, no se lo tragaba. Y es que la noticia, oída sin haber estado en la magnífica representación, sonaba peor. El subdirector estaba emocionado. Iba a llamar el jefe de prensa de la alcaldesa para confirmar lo de la estatua, y si era así, ya soñaba con titulares tipo “el diario consigue una obra de Botero” o similar. Pero Sic Transit Mundi, llegó la nota. La jefa y la redactora se lo tomaron a guasa, la becaria quedó confirmada en su inteligencia y el subdirector quedó triste y compungido. “Pues era bueno”, musitó, sin aclarar si hablaba de la posibilidad frustrada de una estatua de Botero o de los titulares propagandísticos que se habían evaporado. La reacción más chocante fue, empero, la de una de las personas más bienhumoradas de la redacción y responsable del suplemento carnavalesco que se lo tomó mal. “Hay que ver las bromitas de TU concejal”, me decía por la tarde, “¿no tiene nada mejor que hacer?”. O sea, que la guasa propia de la tierra puede funcionar de los medios de comunicación hacía el poder pero no al revés. Hoy, el periódico dedica un recuadrito a hablar de la broma, entre la picazón del que ha caído en ella y la admiración por la magnífica puesta en escena.
Tras el asunto, mi admiración por el concejal ha aumentado. Su pequeña venganza por la caricatura y el envenenado dardo que ocultaba lo de “esto para que vean también de que vale su trabajo, pues a veces pensamos que lo que hacen ustedes se queda entre las cuatro paredes de la ciudad y no trasciende. Pues ahí tienen”, hacen que a su socarronería natural y a su sexto sentido de maestro se una un cierto maquiavelismo que a un jacobino como el que suscribe no deja de resultarle muy estimulante.
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Resulta inquietante como hasta políticos de segundo plano parecen recibido un curso intensivo en el Actor´s Studio. Impagable la posterior reacción en Panfleto Casposo. Cuán brillantemente se demuestra que la escala laboral es inversa proporcionalmente a las cualidades despachadas. Por cierto, esa avispada becaria... ¿es la misma que ha pasado en trayectoria rutilante de agenda a parrilla de televisión?
Comentario de hermanastra hace 2 años y 35 meses
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Pues sí, cara hermanastra, aunque a fecha de hoy, si mira usted a su derecha, podrá verla todavía en funciones culturetas. Como suele ocurrir en el reino de Mordor, las cosas no están tan claras sobre su destino. Convendrá usted conmigo en que es nuestra becaria favorita.
Comentario de M.j. hace 2 años y 35 meses