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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

La reina y la peluquera



Los que me conocen en persona o internaúticamente saben que uno no es muy almodovariano. Considero al manchego uno de esos fenómenos culturales inexplicables que se producen cada cierto tiempo, y que uno hace que se sienta como el Kevin Macarthy de La invasión de los ladrones de cuerpos, diciendo al vacío que es un director cuyo “mundo” ha acabado produciendo artefactos prefabricados para los urbanitas de Madrid, Londres y Nueva York. El mismo público que se compra una cuadro en blanco con un punto negro en medio como símbolo de sofisticación es el que ha puesto a este astuto autogestor cultural como ejemplo de modernidad. Supo capitalizar el fenómeno de la movida en los 80 a su favor, sin convertirse en uno de sus cadáveres a lo Jorge Berlanga ni en un ochentero trasnocahdo como ha acabado siendo Alaska. Pero sus filmes de esa época ya chirrían y notan el galope del tiempo por sus fotogramas. Tras esto se convirtió en un “auteur” con unas películas perfectamente medidas y francamente pomposas, que en algunos casos rozaba lo delirante como en la tétrica Hable con ella, en la que defendía la violación de una comatosa sin que el sensible gremio de las feministas saltará en esta ocasión. Y es que la poesía delirante tiene sus límites. Tras el cierto escepticismo internacional generado por La mala educación (curiosamente, el film reciente de Almodóvar que preferimos sus críticos) que no dio lo esperado por la factoría manchega, Peeedro puso en marcha la maquinaria para volver a ser un mito planetario. Volver ofrecía de nuevo universo femenino a tope, madres e hijas como en Todo sobre mi madre, que la fórmula ya le favoreció en su momento, el regreso de Carmen Maura, avejentada y afeada de una manera que parecía una venganza del director por su deserción del clan hace casi veinte años, y a una Penélope sobredimensionada y filmada como en los mejores delirios de Sternberg con su musa Marlene Dietrich.

La cosa empezó bien. En Cannes arrancó el delirio, quince minutos de aplausos ante se supone lo más granado de la crítica mundial, y dos premios, uno para todas las actrices y otro para el guión. A nadie pareció importarle que la verdadera historia de la película empezase a veinte minutos del final y que antes hubiese pistas falsas por un tubo como la prescindible historieta del restaurante y otras salidas de tono made in Almodóvar. Sangrante que el impresionante guión de Babel quedase en la cuneta, presente en la cita francesa, aunque González Iñárritu obtuvo el galardón al mejor director. Luego, las candidaturas a los Goyas, el éxito en los Bafta y en los Premios del Cine Europeo y la nominación de la película y la actriz a los Globos de Oro. De nuevo la conquista de América estaba a las puertas.

Pero Almodóvar empezó a comprobar en sus carnes como Sic Transit Gloria Americanae. Los Globos se le atascaron aunque tenía sus excusas. Pe tenía enfrente a Helen Mirren y en Foreign Language hicieron el chanchullo de meter Cartas desde Iwo Jima. No importaba. El tío Oscar no permite en su normativa un tejemaneje semejante, con lo que la candidatura y previsible victoria era segura. Hasta ayer.

Un crítico de un periódico nacional escribía hoy que igual eran demasiados latinos en otras candidaturas y eso le perjudicó, pero igual es que su fama empieza a resquebrajarse. En un mundo tan cambiante como es el de Hollywood, tal vez la moda actual sea Méjico y no España, vistas las nominaciones. Es una impensada justicia poética, pues Babel se convierte en favorita y El laberinto del fauno, que fue la gran olvidada en Cannes, es la más obvia ahora para extranjera y acumula cinco candidaturas más, entre ellas una de las más queridas por Almodóvar, como es guión. Con lo que por una vez quizás sea América le de esté dando una lección a Europa, que no ha hecho mucho caso del fabuloso film de Guillermo del Toro y ha optado una vez más por los fáciles oropeles de Almodóvar. La tabarra que se está dando con la histórica nominación de Pe (que lo es, que duda cabe) intenta ocultar el fracaso de Volver, que para mas inri había pasado una preselección previa por parte de la Academia donde quedaron sólo nueve candidatos. Como la selección de fútbol llegó a cuartos de final.

Pero no ha sido un fracaso en absoluto de la armada española, pues lo verdaderamente histórico ha sido colocar a dos cortometrajes, dos, de cinco candidatos en la gran final, además de gente en diversas categorías, gracias sobre todo a la mestiza producción de El laberinto del fauno, que siguiendo el juego entre realidad y ficción de la cinta es española o mejicana según convenga. Es decir, que los Oscars, sin proponérselo han demostrado que más allá de los grandes nombres el cine español hay una vida de lo más interesante. Algo que tampoco parecen reconocer nuestros propios Goya, pero de eso les hablaré la semana que viene, tras la gala del domingo.

¿Y que opciones tiene Pe?. La candidatura a mejor actriz demuestra la conocida queja de las intérpretes de Hollywood, que no hay buenos papeles para mujeres. Sólo hay una americana, la sempiterna Meryl Streep, que acumula su 14ª nominación. Sus compañeras son una española y tres inglesas. De ellas, parece cantado la victoria de Helen Mirren, sencillamente perfecta como la Reina Isabel de Inglaterra. Aunque Penélope no es una actriz tan execrable como algunos piensan, aún le queda para llegar a ser grande. En Volver se la notaba como una alumna aplicada, más bien forzada, y con ese punto de histerismo que siempre tienen sus interpretaciones. Llevo 24 horas intentando que gente que defiende su pasión por la película pero manifiesta que no le gusta la actriz, me explique como les puede agradar un film construido en torno al pilar de una intérprete que desprecian. Frente a ella, la gran Mirren sólo le basta un gesto y una mirada para hacerse con la película. Seguramente, ella y su gran trabajo han aupado a su filme a otras candidaturas. Lo curioso de esto es que Penélope Cruz, hija de peluquera, no resulta creíble como una proletaria (no lo digo yo sólo, lo dice Cándida, la de Gomaespuma, que de esto de coger fregonas sabe un rato y desenmascara rápido a una impostora). Pero Helen Mirren, nieta de un aristócrata zarista huido de la revolución, si demuestra que algo de sangre noble corre en sus venas en su majestuosa recreación (que morbo poder entrar en Buckingham la noche de la ceremonia para ver como se toma Lizzie la segunda el que un clon eleve un previsible Oscar) de su graciosa majestad. En cuanto a Peeedro, le queda el consuelo de su victoria en los Goya del domingo. Quien se lo iba a decir, tras tanto desencuentro con la Academia española al final tendrá que volver a casa cual hijo pródigo.

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Comentarios

  1. Coincido plenamente con Usted, en lo que puedo. No he visto la interpretación de la Mirren en esta película, pero la recuerdo en Calles de Sol, la estrambótica El Cocinero, el Ladrón, su Mujer y su Amante y en La Locura del Rey Jorge y la imagino capaz de todo.

    Tampoco he visto Babel, y por lo que parece ya estoy tardando.

    Y El Laberinto del Fauno me parece de lo mejor que he visto en mucho tiempo. Además de que Guillermo del Toro me cae muy bien, no recuerdo haber visto una película suya que no me haya gustado (me pasa como con Peter Weir, el único director del mundo capaz de hacer que Jim Carrey haga un papel impresionante)(impresionante por bueno, no por malo).

    No me ocurre lo mismo con Almodóvar. Lo que hace ahora no tiene nada que ver con sus orígenes que son, utilizando una expresión muy del Ciudadano Monsieur Jacobo Jacobine, execrables. Prefiero a Esteso y a Pajares (miren bien lo que digo) a las primeras películas de Almodóvar. Y si las feministas, como Usted dice, no saltaron con Átame, mucho menos iba a saltar con Hable con Ella. Será que les da una de cal y otra de arena, y así las tiene contenidas. Y sobre Penélope Cruz, también coincido con Usted en que no es tan mala como muchos creen ni tan buena como creen otros muchos, pero (hay que reconocer las cosas, y no deja de ser un punto a su favor), es la mar de guapa y tiene un escote como para hacer espeleología y no volver jamás. Aunque no es Mónica Belucci, que eso es ya de otro planeta.

    Comentario de Microalgo hace 2 años y 35 meses


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