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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

Renglones torcidos

El otro día hablé por teléfono con mi amiga Juani. Lo último que supe de ella, en vísperas de entrañables fiestas, es que tras un tortuoso camino burocrático se hallaba a la espera de asignación de plaza de una oposición que había aprobado. Estas eran para administrativo de la Junta de Andalucía y las hizo a finales de 2005. Había puesto muchas esperanzas en ella, pues estaba hasta las narices de su trabajo. Llevaba años empleada en una gestoría, pero las cosas no iban bien. El dueño del negocio, un empresario paternalista de la vieja escuela, se había jubilado y su hijo estaba al frente del barco. Un sujeto cuyas únicas credenciales para el puesto eran ser retoño de quien era, pues resultó bastante negligente en sus funciones. Además, la gestoría estaba perdiendo cartera de clientes y el futuro se presentaba incierto. El compañero de Juani fue despedido y ella sola se encargaba de todo, en un marco de relaciones cada vez más degradado en la oficina. Por eso decidió concurrir a las oposiciones y como muchos españolitos buscarse el paraguas de la administración. Las aprobó, como ya dije, pero durante más de 12 meses ha estado a la espera de que todo se aclarase, pues los resultados han sido impugnados y contraimpugnados, en una demora que llegó a ser agónica. Por fin a finales del año pasado quedó todo claro. Juani tenía plaza y ahora sólo quedaba esperar el destino. Quedamos en que me llamaría cuando lo supiese, y eso motivó que hablase con ella esta semana.

“Jacobo, soy Juani”
“Vaya, cuanto tiempo. ¿Ya sabes algo?”
“Sí, me quedo en Cádiz al final. En la Delegación de Enseñanza”.

Su destino está en una céntrica plaza de la ciudad, y lo que es mejor para ella, a un paseíto de quince minutos desde su casa. Porqué en este largo tiempo a Juani le ha dado tiempo de buscarse un molón pisito y echarse un novio sevillano con el que está incluso dispuesta a casarse.

“Vaya, pero eso es estupendo, cerca de tu casa y en Cádiz, como tu querías. Te ha salido al final redondo”.
“Pues sí, Jacobo, estoy muy contenta”.
“Al final te ha valido la pena tanta espera, con lo mal que has llegado a pasarlo con este tema”.
“Pues tienes razón. Es curioso. Es cierto que lo he pasado mal, pero al final ha sido mejor. Si no hubiese habido tanta impugnación, igual llevaría ya un año trabajando, pero a lo mejor estaría ahora en Almería, cosa que no me apetece. Además nunca se sabe. Yo me he tirado cinco años en la gestoría haciendo cosas de graduado social aunque mi categoría era administrativo. Yo hablé con los jefes para que me lo reconocieran, aunque sólo conseguí que me subiesen algo el sueldo. A mi eso me cabreaba cantidad, pero al final también me ha beneficiado, pues lo de la Junta era en realidad concurso-oposición y he podido acreditar experiencia laboral de varios años como administrativa, que era la plaza a la que me presentaba. Si los de la gestoría me hubiesen reconocido lo de graduado no hubiese podido hacerlo. Eso hace que me la hayan valorado y a lo mejor por eso he sacado la plaza y he podido quedarme en Cádiz. Nunca se sabe que es lo que te va a convenir. Ciertamente, eso de que Dios escribe derecho con renglones torcidos es verdad”.

En estas primeras semanas del año, que para mi han sido moviditas y negociadoras, he podido comprobar el aserto dicho por Juani en mis propias carnes. A primeros de enero se creó en el periódico una sección de televisión reforzada que saldría en todos los rotativos del grupo. Eso incluye un apartado de críticas de las películas del día. Lo hacía y sigue haciendo un tipo de Sevilla protegido del gran rabí Carlos Colonstein. Cuando me comentaron el tema, asegurándome que estaba todo decidido, no me hizo gracia. Además que en la mejor tradición de la empresa nadie dijo nada de subir el dinero, eso en realidad es un marrón que te obliga a estar todos los días encima del tema, dada la lata de la contraprogramación. Y lo que es peor, cortaba mi idea de ir lo menos posible al periódico, al querer este año más movilidad para mis tareas festivaleras. Pero al final, a última hora alguna maniobra del rabí o de sus secuaces sevillanos lo abortaron y sigue el que estaba. El nuevo jefe de la sección de tele me transmitió sus lamentos, pero yo estaba internamente regocijado.

Item más. Este enero, que insisto viene cargadito, como si fuese por una vez cierto lo de año nuevo vida nueva, han nombrado jefa de cultura del periódico a una vieja amiga de Monsieur Jacobine, con la que hace años hizo sus primeros pinitos en esto de escribir sobre cine. En una reunión-cena que tuve con ella le explique mis deseos de flexibilizar mi presencia en la redacción para dedicarme más al Festival, pero ella no lo veía claro debido a la falta de personal en la sección, que la empresa en una nueva muestra de su visión estratégica le ninguneaba sin habérselo explicado antes cuando la camelaban para que aceptase el puesto. El principal escollo radicaba en la cartelera. Es esa chorradita que sale con una breve ficha y escueto comentario junto con los cines donde se proyecta. Llevo años haciéndola y eso me obliga a estar en la redacción para ver las carteleras de los cines, pues en mi tierra no llega todo lo que se estrena o a veces llega con retraso. Si se arreglase lo de tener más personal en la sección, otro podría hacerlo, pero si no...

Esta semana, el presidente del grupo editorial, en un alarde de su inspirador liderazgo, llamó indignado al director del periódico (otro innato conductor de masas que sería incapaz de guiar a una banda de borrachos terminales a una licorería) gritándole que porqué el Diario era el único periódico que no sacaba la cartelera que salía en Sevilla. Como sus berridos son órdenes, los deseos del presidente empezaron a bajar por la cadena de mando hasta llegar a mí. Yo ya no la hago más, mi misión ahora es recibir la de Sevilla, borrar las que no estén y poner los cines de aquí. Algo en que todos están de acuerdo no exige mi presencia física y en caso de necesidad puede hacer perfectamente otro. Notaba los rostros de tensión de mi nueva jefa y del subdirector cuando me lo contaban. Yo podía haber hecho varias cosas. Deprimirme porque después de tantos años me quitaban el cometido manu militari sin valorar mi modesto trabajo, indignarme ante la profunda justificación dictatorial de la medida, rumiar que era una nueva maniobra monopolizadora del rabí, etc. En cambio, en un gesto que dudo fuese comprendido, me encogí de hombros y dije lo que esa misma mañana me comentó Juani. “Dios escribe derecho con renglones torcidos”.

Referencias

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Comentarios

  1. Por otra parte, Monsieur, ese comentario es de persona optimista. Hay gente que, les pase lo que les pase, lo considerarán siempre un drama y una catastrófica desgracia. Y en el extremo Polliana, otros pensarán que "todo ocurre por algo", y verán la mano manicurada de Dios guiando esa teja que cae no sin motivo a partirte una clavícula (o un parietal).

    En fin, me alegro de que en los casos que describe (incluido el suyo) las cosas hayan ido a mejor.

    Comentario de Microalgo hace 2 años y 34 meses


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