Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

Vidas soñadas

El otro día leí en algún sitio una cosa que me impactó. Resulta que los servicios de inteligencia tienen a gente en nómina cuyo trabajo consiste en escribir la vida de los agentes que se tienen que infiltrar en los países o instituciones donde hay que echar un vistazo a sus archivos. Es decir, si la CIA, el MOSSAD, el KGB (ya no se llama así, pero primero no recuerdo la denominación actual y estoy vago este domingo para mirar en google, y segundo, el viejo nombre mantiene su poder de evocación) tienen que meter a uno de sus chicos/as en, pongamos, un astillero para informar de los progresos de la construcción naval militar, alguien tiene que echar sus ocho horas de jornada en inventarle una existencia, unos estudios, una personalidad que justifique que hace allí, con el concurso del departamento de falsificaciones para hacer que sus títulos académicos y los del registro civil sean verídicos.

Esto disparó mi imaginación. Uno pensaba en los servicios secretos llenos de James Bonds, analistas a lo Jack Ryan o de funcionarios aburridos que como todos los curritos piensan en sus vacaciones o en su declaración de hacienda, como nos enseñó John Le Carré. Pero nunca se le hubiese ocurrido que unos sitios tan pragmáticos contemplasen la figura de los guionistas profesionales. Como en el viejo Hollywood, tendrán sus propias oficinas donde ya no sonarán las máquinas de escribir, sino el suave tecleo de los ordenadores. Contaban que Jack Warner se acercaba en secreto al edificio donde trabajaban sus escritores y si no oía el tableteo de las underwood entraba a echar la bronca, sin reparar en lo que dijo Billy Wilder: un guionista hace la mayor parte de su trabajo paseando. No se si los jerifaltes del espionaje mundial hacen lo mismo con sus literatos secretos.

De lo que no cabe duda es que estos peculiares guionistas trabajan por encargo. No pueden entrar en un despacho con una magnífica idea para uno de sus personajes, pues igual no ha lugar. “Es estupendo para infiltrar a alguien en el programa nuclear norcoreano, pero por desgracia no tenemos previsto nada así por ahora”. No, ellos recibirán las instrucciones y se amoldaran a las despiadadas consignas de los servicios secretos. Pero todos los cinéfilos saben que grandes películas que no han estado en las mentes de sus escritores y directores han sido fruto de encargos de productores. Tal vez los de los de los servicios secretos puedan arreglárselas para como dicen las críticas de cine ortodoxas “meter algo de su mundo personal” y hacer un trabajo creativo. Puede que hagan como sus homólogos de la literatura, cine y teatro, usar sus experiencias y sus obras favoritas para adornar la nueva vida de los agentes.

O tal vez sea un juego más perverso. Al fin y al cabo, los personajes de ficción existen en la mente de sus creadores y a ella sólo se atienen. Pero muchos dicen que tienen la sensación de que acaban cobrando vida propia. Eso es así literalmente en el caso que nos ocupa. Ante el guionista de los espías puede sentarse el señor JKL, de 33 años, que va a dejar de serlo y pasará a ser el señor GTR, de 29 años y vaya usted a saber con que antecedentes. Es como si Hamlet se plantará ante Shakespeare para decirle que está harto de dudar y de la venganza y que desea una nueva vida que le distancie de su conflictiva familia. JKL puede decidir sobre su futuro como GTR con su autor, además que su currículum debe influir en su creación. Nada de que el guionista de los espías piense que le iría bien al personaje hablar, pongamos, un perfecto holandés cuando el otro no tiene ni pajolera idea de esa lengua. La realidad impone límites a la imaginación. Claro que eso no impide una colaboración creativa entre autor y personaje, como esos actores que mejoran con sus aportaciones los papeles que hacen.

Y los agentes tienen una oportunidad única para tapar los huecos que toda personalidad tiene, aprovechando la nueva como una reforma moral y psicológica, como hizo el no tan difunto Matías Pascal de Pirandello. Pongamos que JKL tuvo una madre alcohólica que le pegaba. Tal vez aproveche y le solicite a su reinventor que GTR disfrute de una progenitora sensible, abstemia y que toqué el piano, estabilizando su pasado verdadero con un extraño futuro de pega. Pero estos escritores sufrirán las angustias de saber que a revés que sus colegas de la literatura, teatro y cine, ellos nunca estarán reconocidos. Puede que sus creaciones sean magistrales y capaces de superar los más exigentes controles de los países enemigos, pero nadie lo sabrá nunca. Igualmente, desconocerán que será de sus personajes, la seguridad se impondrá y se les aislará de ellos. Pueden tener éxito en la misión, pueden acabar retirándose y comprándose una casa en Marina D’Or o fusilados en una sórdida prisión de vaya usted a saber donde. Pero el creador de GTR nunca sabrá que ha sido de él, porqué al fin y al cabo el agente tendrá el libre albedrío de hacer con su personaje los que le venga en gana... o lo que exijan las necesidades de la misión. Del mismo modo, el resultado de un mal trabajo no será una crítica negativa en un periódico que les achaque la escasa consistencia del carácter creado, sino un desastre que pondrá en peligro la vida del agente y la operación en si.

¿Perverso?. Puede. Pero no más que todos esos guionistas que han vendido sus almas a la televisión basura y se dedican a rebuscar en los desperdicios de gente que lleva décadas muerta, o a idear nuevas historietas de cuernos entre personajillos de quinta fila para que estos puedan seguir chupando de la seudofama. Pero uno no deja de envidiar a estos JKL que pueden ser GTR. A pesar de su funcional nacimiento, no todos tenemos la opción de ser otros y aprovechar para dejar atrás lo que no nos interesa de nosotros mismos y sustituirlos por algo nuevo, aunque sea en una vida soñada. Puede que lo de intentar reciclarse en la blogsfera como un jacobino sea una aproximación a esto, pero me temo de que aquí se cumple la máxima lampedusiana de que todo cambia para que todo siga igual.

Referencias

Dirección para referencias

Comentarios

  1. Cuántos buenos guiones de cine se están perdiendo por su flagrante falta de disciplina, Monsieur. Desde la simpática envenenadora del otro día a algún funcionario de agencia de inteligencia que crea un personaje que luego se filtra en su vida, y él sabe que no es real, porque lo ha creado él, etcétera, etcétera.

    Combínelo con un poquitín de sexo y violencia, y se monta Usted un best-seller (o un taquillazo) del copón bendito.

    Comentario de Microalgo hace 2 años y 34 meses


Recordar datos


Monsieur Jacobine © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009