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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

Anoche soñé que soñaba

Anoche tuve un sueño. No como los de justicia de Martin Luther King, sino de los de verdad, de los que agitan tu conciencia en la cama y de los que te hacen dudar al abrir los ojos de si han ocurrido o no. Pero para hablarles de ello tengo que ponerles en antecedentes.

Resulta que ayer cerraron un cine en la Bahía de Cádiz tras 15 años de funcionamiento. Fue un pionero, ya que fue la primera multisala de la zona. Mientras los cines tradicionales perdían terreno, llegaron ellos y abrieron seis salas en un centro comercial de San Fernando, Bahía Sur. Fue un éxito. Monsieur Jacobine lo frecuentó mucho durante algún tiempo. Cogía su tren de cercanías y se plantaba allí. A un cinéfilo siempre le da pena que cierren un cine al que acude. Descubre que parte de su memoria cinematográfica se va con él. Algunos recuerdos que salen a bote pronto vinculados a Bahía Sur: La primera vez que fui allí, a ver Tomates verdes fritos con algunos amigos. (Curioso. Algunos miembros de aquella expedición siguen vigentes en el círculo social de M.J. y otros se los ha tragado el paso del tiempo. Los amigos también echan el cierre). El visionado de Titanic, en una sala donde media hora antes de la proyección no cabía un alfiler (cuando apareció el iceberg asesino alguien dijo detrás mía, sin duda cansado de tanta noñería previa, “ya está ahí por fin”). El ver Blade Runner subtitulado en pantalla grande en una época que les dio por poner cine en V.O. en sesiones golfas de fin de semana, con la inestimable compañía de mi gran amigo (a este, afortunadamente, no se lo ha tragado el tiempo) L.J. El visionado con un grupo de gente del tercer capítulo de la trilogía de las galaxias, aderezado con sus sarcásticos comentarios sobre el final de los Jedi. La chica que en un concurrido pase vespertino de El sexto sentido estaba todo el tiempo acojonada pocas butacas más allá. Algunos de estos recuerdos son más lúgubres. Los dos grupos que se pelearon por los asientos en El hombre sin sombra de Verhoeven. La panda de chavales que fue expulsada de Trainspotting por armar jaleo. Y sobre todo, allí vi la primera película tras la cremación de mi padre, como una autoimpuesta obligación de volver a la normalidad. El film era la primera aventura de Lara Croft con Angelina Jolie. Nunca he sabido si es tan malo como aparenta o que yo no estaba en condiciones.

Ya no iba tanto a Bahía Sur, sobre todo desde que en Cádiz City hay dos complejos de multisalas. Pero le tenía cariño, y de vez en cuando iba. A veces, me montaba maratones, sobre todo cuando tras acudir a un festival o tras algún viaje perdía el contacto con los estrenos comerciales. La última vez fue hace dos años, en la festividad del uno de noviembre. Tres filmes como tres soles. Al entrar a la última, la chica que cortaba las entradas me dijo cómplice “hoy maratón, ¿eh?”. Pero Bahía Sur ya no era lo que era. Hace dos años abrieron otro multicine en San Fernando, más moderno, y le hizo daño, a lo que hay que juntar la crisis general del sector por culpa de la piratería internaútica. Más de una vez, M.J. estaba solo viendo la película. El personal se contagió de la desgana del público. Empezaron a verse signos inequívocos de la decadencia de una sala, como que te corte la entrada la misma chica que vendía las palomitas, que por cierto habían pasado a un stand más pequeño. La última vez que fui lo hice en este Jueves Santo, a ver Alpha Dog. Ya el que me rompió la entrada fue el mismo que me la vendió. Desde hacía meses se rumoreaba el cierre, que se hizo efectivo ayer.

Anoche tuve el sueño del que les hablaba al principio. Después de un día entero oyendo hablar del tema en la redacción del periódico, soñé con Bahía Sur. Alguien dijo equivocadamente que iban a dar entrada libre ayer como gran traca final. En mi sueño, yo me acercaba al cine de Bahía Sur a despedirme de un viejo amigo. No era como en la realidad. El cine de verdad estaba metido en el pasillo del centro comercial, hecho al estilo de los malls americanos, y su taquilla era una especie de kiosco situado a la entrada. En el de mi sueño, éste ya no existía y el acceso a las salas estaba al aire libre, como si el pasillo de Bahía Sur se hubiese roto. Varias personas atendían la barra, que por una vez volvía a ser la grande. Mucha gente entraba, como desmintiendo las razones aducidas para el carpetazo. Pero lo mejor es que tenían paneles luminosos como los de algunos cines, informándote de por donde va la película y anunciando como estaba la venta de las localidades. Estaban completamente iluminados, como un última hurra al mundo antes del apagón final. Lo gracioso es que el cine de Bahía Sur no tenía esos paneles. Mi subsconciente demostró tener un melodramatismo épico del que intento huir en la vida despierta.

Y en esto, dentro del sueño, como en una fantasía borgiana, pensé que eso que estaba viendo, que ese multicine onírico que desafiaba al mundo en su cierre, merecía un post en este blog. Y uno, que es un poco paganoide y recuerda la importancia de los mensajes que se reciben dormidos –aunque los pesaos de la Biblia también usaban ese recurso, lo que le quita encanto- no ha podido por menos que hacerse caso a si mismo a través de ese otro yo activado en el mundo de los sueños. Helo aquí:

Anoche tuve un sueño. No como los de justicia de Martin Luther King, sino de los de verdad, de los que agitan tu conciencia en la cama...

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Comentarios

  1. Ayer. Qué casualidad. Precisamente ayer me pasé yo por el cine de Bahía Sur y me lo encontré cerrado. Con un encogimiento de hombros pensé que cerrar los domingos el cine era una nueva moda (¿qué sé yo?), motivada porque el resto de locales de la galería está cerrado ese día. No quise pasarme por el otro moderno porque tengo una maldición con él: nunca llego a una hora decente. Me volví a casa estoicamente.

    Para mí, el sentimiento por el cierre de Bahía Sur no es comparable con la pena que me dio que cerraran el Avenida (yo vi “tiburón”, “encuentros en la tercera fase”, “grease” y “la guerra de las galaxias” allí), el Andalucía (nuestro común amigo L.J. y yo cerramos éste, yendo a la última sesión. Creo que aún conservo el tiket de la entrada. Lástima que fue con “Todos a la cárcel” de Berlanga. Podían haber puesto “Casablanca”), el Imperial (“¡Lawrence de Arabia!”, “Ghandi” y “Patos Salvajes”) o el cine tal vez favorito del mencionado L.J.: el Brunete, cine de verano al aire libre, donde L.J. conocía al menos doce formas diferentes de colarse sin pagar, y en el que comenzó a formarse como cinéfilo... y cinégeno.

    Un cine cerrado no es exactamente como un amigo que se nos pierde, porque en este último caso uno se plantea qué parte de culpa tiene uno mismo en esa desaparición y en el caso del cierre del cine, no. Pero es, a semejanza de lo anterior, una pérdida de parte de la historia personal de cada uno.

    Me sale decirle que lo siento, darle de alguna manera el pésame y rogar por los vivos más que apesadumbrarme por los muertos. Me refiero al Palillero, que parece ser el único local de la Bahía en el que no te ponen “la sirenita” en cuatro salas y “Rambo VIII” en las otras cuatro.

    Le recuerdo que, en caso de rogar a alguien, lo haga al fundador de la orden religiosa en cuyo colegio se formó Usted. Es el patrón de los cineastas.

    Un abrazo, ciudadano.

    Comentario de Microalgo hace 2 años y 32 meses

  2. Borgiano hasta la médula, sí. Curiosamente, recuerdo que cuando abrieron el multicines, se escucharon algunas voces lastimosas de los cines agonizantes que quedaban por entonces -los de vieja escuela, inmersos en ciudad y de una o dos inmensas salas- que veían en semejantes despliegues el sello definitivo a su hundimiento.
    Es bien cierto que a las salas de las que habla Monsieur les ha hecho daño una competencia cercana. Pero no es menor cierto que la estocada definitiva la han dado miles de pantallas hambrientas e insaciables.

    No deja de ser curioso. Si hace quince años la amenaza imparable para el negocio tradicional eran los multicines que abrían en los centros comerciales -¡ocho salas frente a dos, y junto al Carrefour! ¿Cómo podemos competir con eso?- ahora la amenaza obvia está en cada casa.

    Tremenda hidra, ¿no es cierto? Aunque tiendo a pensar que algunos tienen lo que se merecen: no se puede salir impune vendiendo las palomitas a semejante precio.

    Comentario de hermanastra hace 2 años y 32 meses

  3. Pues que puntería, Microalgo. También hay algo de borgiano en toparse el domingo con el cine cerrado y al día siguiente con mi post. Hoy hablaba con el gerente de una de las multisalas gaditanas y me reconocía que el negocio del cine cada vez estaba peor. Cuando le conté mi teoría de que los cines acabarían abriendo solo los fines de semana no le pareció nada disparatada. Me confesó que salvando los miércoles, viernes, sábados y domingos los demás días laborables eran un desastre. Una nueva generación está cambiando de hábitos sociales merced al tótem del ordenador y para ellos lo de ir al cine les parece una rareza.

    Pero es curioso que en estos tiempos tan difíciles se estrene más que nunca en salas. Hasta períodos de tranquilidad tradicional como Semana Santa o Navidades están ya inundados. Igual se tendría que racionalizar la política de novedades y no estrenar tanto, cerrando el paso a los bodrios made in USA que placan tanto cine europeo y rebajar algo la presión, centrándose en menos títulos pero más atractivos.

    Claro que también habría que preguntarse donde están las prioridades de los cines. La ciudadana hermanastra recordará sin duda cuando hace unos años salió un anuncio solicitando un gerente para precisamente el extinto cine de Bahía Sur en el que se valoraba experiencia en temas de comida rápida. Si la cosa es vender palomitas, pues vale. Pero ciertamente muchos hacen las cuentas e ir a ver la última de Disney con la familia un domingo e invertir en chuches al final te sale más caro que ir a la ópera.

    Comentario de M.J. hace 2 años y 32 meses

  4. Pues sí, Ciudadano. Mi puntería para algunas cosas es legendaria.

    Y lo de que el negocio del cine son las palomitas, ya me lo comentó un amigo que trabajó de proyeccionista en el cine de Las Salinas. En fin.

    Comentario de Microalgo hace 2 años y 32 meses

  5. Ops. Este blog barrunta hacer como la casa Usher. Avise con tiempo, para cortar y pegar algunos posts en mi memoria (la del ordenador, la mía ya no da para gran cosa).

    Comentario de Microalgo hace 2 años y 30 meses

  6. Lo echamos de menos, Monsieur.

    Comentario de Microalgo hace 2 años y 29 meses


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