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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

Los turistas accidentados



Ayer por la tarde paseaba hacía la oficina del festival para hacer un par de llamadas telefónicas antes de quedar con el ciudadano Triskel para ir al cine. En esto que veo a una inequívoca pareja de turistas. Mediana edad, pantalones cortos, gorritas y aire de parecer joven a cualquier precio. Los cuidados músculos de él y las bien torneadas piernas de ella no podían ocultar algunas fladiceces que impone la dictadura del tiempo. Me dieron la impresión de ir algo atacados por la calle, sin el relajo propio del veraneante que cree poseer todo el tiempo del mundo ante él. Me señalaron y se me acercaron. De nuevo, demasiado compulsivamente.

“Excusi”, dijo el hombre, “¿Parla italiano?

Uno creía que le iban a pedir una dirección, como las viejas guías de viaje “¿Cómo se llega al hotel...?”. Les dije que no, pero que les escuchaba igual. Entonces me contaron la siguiente historia, que me demostró que mis primeras impresiones sobre ellos era cierta. En suma, me contó el sujeto, en un italiano muy españolizado que no necesitaba traducción, que les habían robado todo, que habían presentado la correspondiente denuncia pero que sólo tenían unas monedas y no podían llamar a su casa para anular la documentación y pedir que les enviasen dinero, que todas las cabinas estaban ya preparadas para tarjetas y no para dinero suelto, y que la tarjeta más barata costaba cinco euros. Así que me pedían ese dinero por favor.

Por supuesto me saltaron todas las alarmas. Uno lo primero que piensa es en el inevitable timo. Pero empecé a flaquear. Su desesperación parecía sincera y no con la profesional impostura de los estafadores. Sus ropas, ya lo dije, hacían pensar en dos turistas arquetípicos. Y hubo dos factores que decidieron la cuestión.

El primero es la actitud de ella. Mientras su compañero intentaba convencerme, la mujer miraba absolutamente avergonzada hacia otro lado, sin atreverse a toparse con mis ojos. Dos veces que levantó los suyos y se dio cuenta que la miraba los apartó azorada. Típica actitud de una persona de vida cómoda que se ve obligada a mendigar en un país extraño que merced a unos rateros se ha vuelto completamente hostil.

El segundo es un recuerdo de mi último viaje a Madrid. Allí conocí a un amigo de unos amigos que me contó como le habían desvalijado en plena Gran Vía. Sin un euro, empezó a pedir a los viandantes tan sólo el importe de un billete de metro para poder llegar a su casa, sin que nadie atendiese a sus súplicas. Nunca, me confesaba, se había sentido tan impotente y desgraciado.

Todo me venció. Así que les di un billete de cinco euros para que pudiesen comprar su tarjeta de teléfono y volviesen a ser personas. Su alegría fue sincera, en especial la de ella. Él casi me da un abrazo. Demasiada sobreactuación para unos timadores, quiero creer.

No crean que escribo esto como pieza de propaganda para exhibir mi gran corazón ante la blogsfera. Les dejé con una lucha en mi interior. Empecé a pensar que igual debería haberles pedido la denuncia, haberles acompañado a comprar la tarjeta para verificar que era cierto, que si todo el dinero estaba en la maleta de ella y él no tenía nada encima y unas cuantas cosas más. Por otro, sus actitudes desesperadas y alegres eran sinceras. Y pensé como este mundo traicionero ahoga los impulsos más generosos de los humanos, haciendo que actos como el de darles cinco euros para salvarles la vida sean vistos por uno mismo como una muestra de debilidad con la creencia de haber hecho el tonto.

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Comentarios

  1. Sus últimas cuatro líneas ya son el mejor comentario posible, monsieur. Incluso aunque haya tenido que escribir "salvarles la vida" en vez de "ayudarles" o "arreglarles el día", quizás para eliminarse el mal sabor del subconsciente.

    Comentario de M hace 2 años y 29 meses

  2. Yo creo que ha hecho bien, Monsieur. A mí me suele vencer también la civilización (que se lo digan si no a un pelanas que se salvó, por ello, de una dosis excesiva de Evacuol)...

    Pero lo suyo era (police dixit) agarrar uno el propio teléfono móvil, hacer la llamada que pretendían, y, si acaso, buscar el número de la embajada italiana (aunque no sé si por acá hay embajada o consulado o qué), obligada a prestar socorro a los compatriotas desvalijados. Desde comisaría también podrían hacer alguna llamada a un pariente o amigo para que hiciera las gestiones necesarias, o podía Monsieur realizar esta última llamada...

    Pero a toro pasado es fácil decir qué era lo correcto. Y yo no es que sea un dechado de reflejos, tampoco. Para mí, lo que ha demostrado Monsieur es tener buena víscera cardiaca. En estos tiempos que corren, ya es una buena cosa, pardiez.

    Me congratulo de su vuelta. El suyo es el link a un blog más antiguo que conservo, y me habría apenado un poco la pérdida. Comparto sus reticencias a cambiar de casa matriz de blogs, y eso que la peña me achucha para que me pire de Bitácoras, que tiene algunos días que para su electrónico cuerpo se queda.

    Abrazotes!!

    Comentario de Microalgo hace 2 años y 29 meses

  3. Creo que después de darle muchas vueltas tengo el argumento definitivo de que hice el canelo. Los tipos me abordaron en la gaditana plaza de las flores, justo enfrente de Correos. Los que conozcan Gades City sabrán que se encuentra bastante lejos de la comisaría. ¿Acaso fueron andando todo ese tiempo por Gades buscando ayuda?. Y si, es cierto, es extraño que la policía no les arrimase un teléfono.

    Y amigo Microalgo, no tengo yo muy claro si tener una víscera cardíaca con remordimientos es positivo. En cualquier caso, gracias por su bienvenida. Decir que me ha picado mucho a volver el ritmo de su blog y el de los afines sobre los que pululamos. Abrazotes también para usted.

    Comentario de M.J. hace 2 años y 29 meses

  4. Se me olvidaba. Aguda observación la de nuestro vampiro de Düsseldorf particular. Ciertamente, puede que mi sentido de autoculpa haya exagerado mi papel en el incidente para mi propia justificación. Cuando esta historia pase de boca en boca, seguramente se deformará y a los italianos les saqué de las fauces de un león o algo parecido.

    Comentario de M.J. hace 2 años y 29 meses


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