La invasión de los ultracuerpos
Monsieur Jacobine - 23-07-2007 16:38:11 | Categoria: Escenas de la vida cotidiana

Ayer hubo en mi ciudad una gran orgía capillil. Resulta que a una de tantas vírgenes que pueblan los cielos andaluces le concedieron la coronación canónica. Según parece, la cosa consiste en darle una corona a una Virgen como reconocimiento a la devoción que le tiene el pueblo que no deja de visitarla, rogarla, y, es de suponer, dejarse sus dinerillos a mayor gloria de los que la custodian. Cuentan que en Hispalis, donde hay tanta afición a estos eventos, salen a dos o tres coronaciones por año. Pero aquí la última fue hace unos 20 años, con lo que el mundo cofrade andaba revuelto. El show no consiste en un modesto acto, sino que tiene sus procesiones, pontificales en la Catedral, asistencia de autoridades, en una nueva demostración de nuestra aconfesionalidad estatal.
Eso no fue todo. Las calles donde procesionó la imagen fueron adornadas, no se si de grado o a la fuerza. Había cartelitos exhortando al vecindario a engalanar sus balcones de pendones –en el sentido de banderas, se entiende-, ya que según rezaban, “La Virgen viene a verte”. Como en los viejos tiempos del Caudillo, todos con la banderita y a gritar consignas convenientemente formados en la calle. En la prensa local, que dado quien manda dedica amplias páginas al evento, leí que jóvenes de la cofradía de la Virgen coronada iban por las casas particulares del recorrido para que sus ocupantes aceptasen el engalanamiento. No se si los convencían por las buenas o como las SA hitlerianas, pero por lo que vi ayer en un rápido paseo estas escuadras del atardecer cumplieron bien su cometido. El jueves pasado, mientras me hallaba en la oficina del Festival, que da a una muy céntrica plaza del casco antiguo de mi ciudad, se me coló un operario municipal sin pedir permiso para colgar varios estandartes en la ventana. Donde no hay patrón no manda marinero, y esa orden venía de muy arriba.
Esta mañana fui a la sede de la concejalía de Cultura a mi habitual reunión de los lunes de seguimiento del festival. Al acabar nos fuimos a tomar un café a un bar que casualmente se halla al lado de la iglesia donde reside la Virgen en cuestión y que de hecho le da nombre. El dueño y camarero del local es un eficiente y educado profesional, muy distante del cliente. Pero hoy empezó a hablar con una de las compañeras de la organización por los codos de lo ocurrido ayer, con insólito entusiasmo. “¿Este es capillita también?”, le pregunté a ella. “Es de la junta de gobierno de la hermandad de la Virgen recién coronada” Luego mi amiga descubrió a un parroquiano en el fondo del bar y se puso a hablar con él de la coronación canónica. “¿Y este también?” “Este es fiscal de la hermandad fulanita”. Al quedarse una mesa libre, nos sentamos en ella para degustar nuestros desayunos. En ello estábamos cuando entró otro sujeto que igualmente conocía a mi compañera y tres cuartos de lo mismo. “Este es de la hermandad zutanita”.
Me sentí como Donald Sutherland en La invasión de los ultracuerpos, cuando se da cuenta de que todos están poseídos por los extraterrestres y es uno de los últimos humanos. Tengan cuidado todos los que se sientan laicos y les reviente el exceso de capilleo. Su vecino de trabajo, su tendero de confianza, el tipo que se sienta detrás suya en el cine, puede ser uno de ellos. No digan que no les avisé.
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Pero a veces es peor. Te presentan a un tipo que parece normal... y es el octavilla de una comparsa!!!!
A poco que le des pie, te cantará con voz de castratto un pasodoble sobre la niña autista que creía que estaba dando un paseo por Euro Disney y que en realidad se estaba arrojando al vacío desde lo alto de una terraza del barrio de Puntales. Angelitos del cielo bajaban a ver cómo se pegaba un jardazo, la muy tarada.
A veces, incluso, son varios los tipos de ultracuerpos que ocupan el cascarón ya casi exangüe de la víctima: capillita, carnavalero, socio der Cádi, de la asociación de belenistas de la Calle Rosario, periodista del Diario de Cádiz y voluntario de la ONG "Polvorones de Coco sin Fronteras". Casos perdidos: varios súcubos se disputan las carroñas de sus almas. No hay exorcismo que valga en esas situaciones, Padre Carras.Comentario de Microalgo hace 2 años y 29 meses
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Pues sí, precisamente me pilló en Cádiz la coronación y tuve ocasión de comprobar cómo, a la hora de pasear sus ídolos por las calles, los capillitas de Cádiz han calcado todas las feas costumbres de sus homólogos sevillanos, incluso alguna tan antihigiénica como el traje azul marino en pleno mes de julio.
Con lo bonito que habría quedado con todos los cofrades vestidos de marinerito de pacoalba y el ídolo desembarcando en la Caleta en un vaporcito!
Y es que nos estamos globalizando para peor...Comentario de Profesor Franz hace 2 años y 29 meses
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Qué miedo. Afortunadamente, por aquí no se extiende demasiado esa invasión.
Comentario de lanavajaenelojo hace 2 años y 29 meses
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Por eso cada vez más gente mira hacia Wintertown como un paraíso desacralizado. Gusto en verla de nuevo por aquí, Navaja.
Ayyy, Herr professor, esas visitas suyas a Gades cuasiclandestinas, prefiriendo ver a los clones capilliles en vez de a los amigos...
Y sí, Microalgo, el problema es que cada vez hay mas gente de Gades que puntúa en demasiadas cosas sórdidas.Comentario de M.J. hace 2 años y 29 meses
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Uy, sí, la ventaja de Madrid es el tamaño (que en ocasiones ya lo creo que importa!). Sólo eso nos permitió a la hermanastra y al que suscribe poder huir -despavoridos- en semana santa de la parte del centro que habían empapelado de imágenes amenazantes con sus recorridos procesionales, no sin antes comprobar como había gente que hacía cola desde más de 3 horas antes de la salida de alguna procesión.
Eso sí, aquí, al menos, no ensayan en los jardines de Sabatini todo el p... año las mismas insoportables sordinas.
Y es que hay gente pa tó.Comentario de M hace 2 años y 29 meses
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No hay quie naguante a los seguidores de la magia del hijo del carpintero.
Comentario de Microalgo hace 2 años y 29 meses
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Amigo M, aquí en las noches de invierno pasas por delante de cualquier garito y sale el sonido de una agrupación carnavalesca que ensaya para el concurso o para la calle. O de forma absolutamente esotérica el viento trae de no se sabe donde el ruido de una banda de Semana Santa poniéndose a punto. Claro que como estos se relacionan con la divinidad, explica el ruido misterioso. Así que los de las sordinas de Sabatini igual no es tan malo.
Comentario de M.J. hace 2 años y 29 meses
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Sin contar cuando en las noches de verano del Corralón, el mismo viento misterioso nos trae no el olor del pescaíto y la caballa, sino el olor dulzón y místico del incienso. Consabido desbarajuste emotivo-temporal de la víctima, que cree caer del caballo y ver la luz, y cuando la ve, la ve salir de la peña, uy perdón, centro de hermandad que creo que todos conocemos. Sí, ese mismo desde donde los domingos salen invocaciones, cánticos y loas futbolísitcas, que también es pasión, vive Dios.
Y deje, deje, déjenos el silencio nocturno de los jardinis de Sabatini, buen hombre, no sea "endivioso" y nos quiera tan mal.Comentario de M hace 2 años y 29 meses
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Cualquiera que les escuchara pensaría que vivir en Cádiz es dolorosísimo y que hay más catetos que en ninguna parte... Y yo creo que ni ustedes sufren tanto ni los gaditanos somos más paletos que los del Madrid ese de los cojones... Joderrrr que hasta me hacen hablar mal!...
Recuperada la compostura, les saludo atentamente.Comentario de Teodoro W. Adorno gato hace 2 años y 29 meses
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Parece que leyó con el humor más deteriorado que de costumbre, señor gato. Usted fue el que empleó el término paleto. Y dijo un taco!
Comentario de M hace 2 años y 29 meses
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Reconozca, señor gato, que últimamente el sector más cani de la sociedad gaditana es el que está partiendo pana, bien apoyado por medios de comunicación y el conservadurismo general de nuestra sociedad. La minoría ilustrada que dio lustre a la ciudad es eso: una minoría en retirada y que no parece tenga continuidad en las nuevas generaciones.
Comentario de M.J. hace 2 años y 29 meses
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Obviamente: en Cániz también estamos nosotros, que somos magníficos -déjenme mimarnos- y le damos lustre y esplendor al patio. Pero, como bien apunta Monsieur, lo del Canismo Ilustrado es un hecho. Son ellos los que están en mayoría, sus andanzas las que obtienen predicamento y los que te hacen sentir, no equivocado, pero sí perro verde en el garaje.
Comentario de hermanastra hace 2 años y 28 meses
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No sé de porcentajes. Sí sé que los que más ruido hacen no siempre son los más numerosos.
Mi comentario era de corte jocoso, Gato, jugueteando siempre con el pie que da Monsieur, pero no trato de afirmar que Cádiz sea un infierno: es la ciudad en la que me gustaría vivir (y durante años, le pasaba igual a muchos de mis amigos). Si hubiera sido creado como objeto, sería objetivo. Pero fui creado sujeto (¿quién dijo eso?), de modo que mi subjetiva opinión es que vivir en Madrid debe ser una mierda inmensa. Difíciles se deberían pintar las cosas para que yo acabara viviendo allá (lo digo bajito, porque el destino se empeña siempre en blah, blah... bendita sea mi formación profesional costera, que me obliga a la cercanía de la costa, sea del país que sea, sea del continente que sea). ¿Que aquí hay canis? Sí. Y allá pijos fachas de coca hasta las trancas que te pueden pasar por encima con el Audi y no pararse ni para ver si eras blanco o negra, o si estás vivo o muerta. Y quien diga lo contrario, miente. Y si quieren, ahora sí, hablamos de porcentajes.
Madrid es un monstruo con esquinas apacibles. No le doy un viva a Cádiz por no hacerle publicidad a alguna publicación.
Por cierto (y acabo): En el centro del canismo (la Viña), anoche Monsieur degustaba junto con Fenrir, Microalgo, Adusto y algún que otro más estimado compañero-barra-a una caballita con piriñaca, a precio más que asequible, en mitá'lmedio de una calle peatonal (conocida como La Palma). No oí que se quejara tanto...
Váyase a Madrid, busque, compare, y si encuentra algo remotamente parecido, despiértese.Comentario de Microalgo hace 2 años y 28 meses
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Anoche, en el centro de la Viña _Corralón_ no se podía dormir por el ruido de los centauros canistas en moto -que se hacen notar, se lo aseguro, mucho, pero mucho más que en Wintertown-. Y horrores hay en todas partes, y para todos los gustos. Y claro que existen rincones idílicos en Madrid. La placita de la librería inglesa. Los mencionados Sabatini. El Retiro. El Botánico. Tiendecitas estúpidas y encantadoras. Calles con árboles sin mierdas de perro.
Y tanto como el yodo me alimenta, el espíritu provinciano -alentado desde hace un tiempo, como comentábamos, por las modas o los cetros- me quita el oxígeno.
Cada uno elige su rincón y, cada rincón, tiene sus cielos e infiernos. Hace años, señor Microalgo, que usted no vive/reside en Cániz. Y tampoco ha frecuentado tanto los recovecos de Wintertown para emitir opiniones tan sesgadas. Le reconmendaría alguna visita con los prejuicios olvidados en la mesita de noche.
( Y sí. En Wintertown hay de todo: pijos fachas, canis, alternatas, esfinges anoréxicas, depravados y diamantes andantes. Hay de todo. Como en todas partes).Comentario de hermanastra hace 2 años y 28 meses
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Los más afortunados suelen ser siempre los que son capaces de disfrutar con más cosas, con humor, sin demasiadas comparaciones, y sin descalificaciones, mirando y valorando lo bueno que cada sitio nos ofrece, desde Paris hasta Palmones, por poner dos extremos y sin querer juzgarlos.
Y ese saber vivir y disfrutar de cada sitio, nos da a veces el humor y el espíritu crítico necesario siempre. Sin que tenga que haber detrás ningún juicio más allá que el compartir unas bromas con vuesas mercedes.Comentario de M hace 2 años y 28 meses
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Creo que aquí se confunden dos cosas. Por un lado, yo no dudo de la calidad de vida de Cádiz como ciudad, su asequibilidad y otros méritos. Por otro, es indudable que cada vez es un lugar más cani y con una población más inclinada a hacer del carnaval y de semana santa el centro de su vida, y con unos comportamientos cívicos cada vez más deplorables. Por mucho mar que haya y que se pueda llegar andando a todos sitios, si todo esto acaba haciéndose comportamiento general acabará siendo un sitio irrespirable para vivir.
Y las gentes que tienen cierto tipo de inquietudes pues saben que en las grandes ciudades las tienen mas abastecidas que en las pequeñas. Me consta que los que frecuentan este blog las tienen, y comprenderán lo que digo. Por supuesto que todas las grandes ciudades tienen sus infiernos, pero las provincianas también en otros registros. Si vamos a las metrópolis con mentalidad de que no nos van a gustar y a fijarnos solo en la gente que en los cajeros miran por encima del hombro llenos de miedo igual no descubrimos sus cualidades. Yo voy varias veces al año a Madrid y siempre la disfruto mucho. Igual cualquier día me apuñala un yonqui, pero igual en Cádiz cualquier niñato con la amotito se me lleva por delante en una calle peatonal. Todo tiene su peligro.
Señor Microalgo, recientemente estuvo usted en Barcelona, y creo la disfrutó mucho también, así que no es usted tan reacio a las megalópolis como parece. Aquel día en el barrio de la Viña había de todo menos canis en las mesas, como es propio de las trasmutaciones veraniegas. Y le aseguró que en un terraza madrileña semejante hubiésemos tenido un camarero pendiente de nosotros en vez de tener que capturar a lazo los pocos que había. Y es que en las grandes capitales están más preparadas para el turismo que los cicateros empresarios hosteleros de Cádiz City.
Y una última reflexión. ¿No notan que Cádiz cada vez se madrileñiza más?. Mucha gente se va a vivir a las localidades adyacentes o trabaja o estudia allí, teniéndose que mover por unas carreteras imposibles o en un transporte público que deja mucho que desear. Con lo que cada vez hay más personas que gastan bastante tiempo en moverse por la bahía de Cádiz como los madrileños en la periferia. Incluso en el mismo casco urbano, si coges un autobús a hora punta puedes tardar cuarenta minutos en un trayecto corto entre que esperas al vehículo, lo coges y se abre paso en el denso tráfico. Y es que como en el caso de las terrazas y los camareros, las grandes ciudades a la hora de la verdad están más preparadas para las multitudes que las pequeñas.
Comentario de M.J. hace 2 años y 28 meses