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Monsieur Jacobine

La voz que clama desde "La montaña"

In Memoriam



Es paradójico que Ingmar Bergman haya muerto plácidamente y a la longeva edad de 89 años. Un espectador de los sesenta que se enfrentase a su desesperanzado cine podría pensar que el torturado y tortuoso autor de Los comulgantes, El silencio o Persona acabaría dándose muerte por su propia mano. Sin embargo, le dio tiempo a hacer cuarenta películas en 37 años y a una falsa retirada del cine seguida por una interesante trayectoria en televisión. También delegó la filmación de sus guiones en cineastas como su propio hijo o el fiel Bille August. Una forma de mantener su presencia como uno de los directores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, capaz de alimentar entre otras cosas la cara más amarga de Woody Allen, confeso admirador suyo.
Y es otra paradoja que un cineasta tan citado sea tan mal conocido. La inmensa personalidad de Bergman desborda muchos tópicos. Esta claro que sus problemas con su padre, riguroso pastor protestante, marcan mucho su obra. Tras la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial, Bergman fue el que mejor habló de la incomunicación entre los seres humanos y de la angustia de la falta de ideales si se pierde la idea de Dios. A él no lo consolaba el humanismo, pues su educación religiosa le impedía creer en sustitutivos para cubrir ese vacío metafísico. Lo que ocurre es que en la España de Franco el cine de Bergman cayó en manos del jesuita padre Staehlin, que no dudó en adulterar los doblajes para meter mensajes cristianos ausentes del original. Eso explica que se diera el espectáculo insólito de que las películas del cineasta recién fallecido fuesen una de las estrellas de las sombrías programaciones televisivas de la Semana Santa de los tiempos de Franco. Frente a esto, el cine de Bergman se fue haciendo más desesperado a medida que pasaba el tiempo. En Fresas salvajes había una cierta resignación y en El séptimo sello quedaba una joven pareja como promesa de futuro. Todo eso fue desapareciendo. La locura, la falta de salidas vitales, los problemas familiares como exorcismo de los vividos por el director en su niñez, se van apoderando de sus tramas. Su película definitiva a este respecto, antes de su gloriosa despedida en Fanny y Alexander, es De la vida de las marionetas, donde los humanos son precisamente títeres en un mundo sin salida.
Sin embargo, ya se dijo, Ingmar Bergman siguió haciendo trabajos televisivos hasta su título final, Saraband, de 2003. Siguió fiel a su estilística y demostró que a sus desnudos dramas le venía muy bien la sobriedad de la pequeña pantalla. Incluso se permitió humoradas como que la citada Saraband fuese una secuela tardía de una de sus obras más famosas, Secretos de un matrimonio. Pero la recepción de la obra del director entre nosotros tuvo más problemas que la del interventor padre Staehlin. Se convirtió en bandera de un cine intelectual y poco complaciente, frente a otros que lo defenestraban por todo lo contrario. Convertido en un casus belli, muchos veían en él como suele ocurrir en estos casos lo que interesaba, no lo que ofrecía de verdad. Así, a este análisis reduccionista se le escapaba la primera parte de su obra -la que se extiende desde 1945 a Un verano con Mónica, película que empezó a llamar la atención internacional sobre él- muy poco conocida y donde optaba por el melodrama más puro con la influencia del dramaturgo August Strindberg, que nunca le abandonó del todo. Y, sobre, todo, no se puede entender la figura creativa de Bergman sin su labor teatral. Él siempre dijo que el teatro era su esposa y el cine su amante. A su gran actividad como guionista y cineasta hay que añadir bastantes textos para la escena escritos por él y su trabajo como director teatral. Sin esa pasión no se explica su puesta en escena ante la cámara ni su gran labor con los actores. Ahora que seguramente su muerte disparará todo tipo de homenajes y estudios, es el momento de analizar con desapasionamiento todo su inmenso legado.


Publicado en Diario de Cádiz el 31 de julio

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Comentarios

  1. Era un cachorro, cuando cansado de \\

    Comentario de Lobo Fenrir hace 2 años y 28 meses

  2. Era solo un cachorro, decía ayer, cuando cansado de \\

    Comentario de Lobo Fenrir hace 2 años y 28 meses

  3. Coño con Bitácoras.

    Comentario de Microalgo hace 2 años y 28 meses

  4. Era solo un cachorro, decía, cuando cansado de Intocables y Misiones Imposibles, me aficioné a Sesiones de Tarde y Noche,
    Fue en una de esas últimas cuando lo descubrí.
    Le aviso, monsieur, que ya llevaba a mis espaldas Centauros Desérticos, Espartacos y algunas Reglas del Juego... pero fue un Séptimo Sello el que me marcó la maldición.
    Nunca le deberé tanto a alguien. Cambió mi comcepto entre artesano y artista.
    Recuerdo, que solo era un cachorro; pero no podré olvidar. No debo.
    Ya dije que lo dió todo... Ahora tenemos tanto que aprender.
    ¡El Rey ha muerto... Viva el Muerto!

    Comentario de Lobo Fenrir hace 2 años y 28 meses

  5. El Comcepto es una errata, escúseme monsieur; pero , como dijo un personaje gayego: El concepto es el concepto.
    Artesano y artista... ¡ Viva el Muerto!

    Comentario de Lobo Fenrir hace 2 años y 28 meses

  6. Gracias, Lobo Fenrir, por su insistencia en comentar a pesar de los sinsabores que da Bitácoras. Ahora cuando los usuarios entramos en la pantalla de edición nos sale un mensaje agradeciéndonos nuestra fidelidad y prometiendo grandes cambios. A ver si es verdad.

    Por otra parte, es cierto que todos los aficionados al fascinante mundo de las 24 imágenes por segundo tenemos una película que marcó un antes y un después, demostrando que más allá de las peleas y los tiros había un mundo por explorar. En mi caso fue “Vértigo”, de Hitchcock.

    Comentario de M.J. hace 2 años y 28 meses

  7. Mi Comentario de Vicisitud y sordidez hace 2 años y 28 meses

  8. Lo he intentado con html, pero no lo admite. Aquí va otra vez.

    Mi sórdida opinión sobre Bergman: http://vicisitudysordidez.blogspot.com/2006/11/cmo...

    Comentario de Vicisitud y sordidez hace 2 años y 28 meses

  9. Hombre, don Visicitud. Bienvenido por estos pagos aunque sea haciendo propaganda de choque de los suyos.

    Comentario de M.J. hace 2 años y 28 meses


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